martes, 28 de noviembre de 2006

Cambiando el mundo

Ciertas noches mi abuelito tenia en los ojos esa melancolía dulce de
las cosas y la vida . Me abrazaba al verme observarlo con curiosidad,
como tratando de adivinar sus pensamientos . Su voz era suave y profunda, calma, y sus ojos engendraban una ternura especial, reservada tan solo para mi.

Ciertas noches mi abuelito me miraba como si regresara de un viaje
largo y a su regreso me hubiera encontrado crecidO, distintO, listO
para comenzar mi propia vida.

Una de esas noches, allí sentadO en su rodilla, mientras me ayudaba a
secar un par de libros que se habían mojado mientras yo corría a casa
huyéndole a la lluvia, me dijo en voz muy baja , como para que le
prestara toda mi atención:

"Las cosas pertenecen a quien las vuelve
mejores".

Y entonces prosiguió a contarme sus historias:

Ese de mi
muñeco Mario, que había perdido su sombrero, y la historia del
elefante azul que venia a tomarse la sopa que yo dejaba en mi plato,
la historia de un niño que se iba de viaje por la vida y descubría
muchos países, países con gentes que hablaban al revés, países con
personas que construían palacios sobre la tierra, países de gentes de
todo el mundo ...

El país mas importante me dijo el abuelo, es sin embargo el país del
corazón. Hay personas que son como los trenes y que van toda su vida
sobre el mismo riel, otras que son como tranvías , que siguen las
lineas eléctricas, y tu mi muchachito que serás tu?

Su mirada jamás fue tan dulce y risueña que cuando le respondí :
-Yo abuelito, yo iré a pie.

Si supiera que lo he cumplido al pie de la letra.

Germán Berdiales



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