jueves, 6 de marzo de 2008

Advenimiento I

El engaño
Porque está escrito...

Samir, era uno pequeño devoto de corazón y puro de alma, de origen muy humilde, casi rozando la precariedad, pero ante todo respetuoso y estudioso.

El niño no solamente sabí­a los pasajes de la Biblia siendo aún muy pequeño, sino que también, sus familiares, sobre todo sus padres, se maravillaban escuchando al niño disertar sobre los milagros de Jesús El Cristo, o hablar sobre Moisés, Abraham, David y Goliat y otros personajes célebres en el cristianismo.

El niño era todo un prodigio, y en poco tiempo se hizo conocido en su localidad.

Los padres de la iglesia cristiana lo invitaban a leer pasajes de la Biblia en las misas dominicales, y los eruditos estudiosos de las Sagradas Escrituras, lo invitaban a sacar conclusiones entre ellos, de los varios y posibles mensajes de Dios hacia el mundo y hacia las demás religiones, a las que el niñoo no sólo admití­a, sino que también afirmaba que eran todas originadas en la fe hacia un sólo Dios.

Pero Samir, siempre hací­a hincapié en que todos, incluso él, serí­an puestos a prueba.

Todas las personas que se encontraban o hablaban con Samir, quedaban estupefactos ante los conocimientos del niño, y algunos, estaban seguros que era un "iluminado" de los cielos.

Durante los primeros tiempos, todo marchaban normalmente, pero después las cosas empezaron a cambiar.....

Una mañana de domingo, el niño estaba leyendo un pasaje de la Biblia y una anciana se desplomó inconsciente dentro de la iglesia, se causó alboroto; un médico que se encontraba en el lugar la revisó y la declaró muerta; Samir se acercó, miró a la mujer atónito, pero se arrodilló frente a ella y mientras tocaba su mano murmuró algo en voz baja...

La anciana pareció haber sido alcanzada por un rayo, porque en ese instante se convulsionó violentamente y abrió los ojos...

La prensa toda estalló; radio, televisión y periódicos, dieron una espectacular difusión al niño prodigio, y mucha gente vio en él, a un enviado, hasta algunos llegaron a especular que era el Mesías reencarnado, augurando el inconsciente colectivo que se avecinaba.

No tardaron en llegar a la ciudad de Ituzaingó en el Gran Buenos Aires, las primeras personas para conocerlo, al mes, estaba rodeado su hogar y hasta su barrio natal: Barrio Marina.

Varias organizaciones de distintas religiones y sectas de distinta í­ndole se congregaban a favor del niño, algunos pidiendo una señal del cielo, otras, milagros de todo tipo, por lo que acercaban personas lisiadas en camillas, y hasta traí­an a personas moribundas; los oportunistas de turno que se apostaron en el lugar, empezaron a ofrecer remeras con el nombre de Samir, agua bendecida por Samir, la cruz de Samir, que obviamente (según los comerciantes) daba resultado en todas las religiones, hasta ofrecÃían tours por el colegio donde el niño cursaba la primaria y por los lugares donde jugaba.

Los familiares del niño, sus primos, amigos y conocidos, eran acosados todo el tiempo por varios representantes de revistas y diarios, para que revelaran datos del niño y así, develar el secreto de sus conocimientos y poder, a cambio de jugosas sumas de dinero que aceptaban sin vueltas.

Después de éstas visitas, no solamente sacaron a la venta la remera con el rostro de Samir (que habí­an extraí­do de una fotografí­a familiar), sino que también se vendí­an pósters del niño, cuadros, carpetas colegiales, tarjetas telefónicas y todo en lo que se pudiera imprimir una imagen.

Enseguida aparecieron los debates televisivos con varios religiosos católicos mediáticos en un rincón, y pastores representantes de organizaciones de dudoso buen proceder, por el otro.

Todo era una buena oportunidad para hacer negocios.

La ola de acontecimientos habí­a superado al niño, que se mantení­a encerrado en su casa como si fuera un prisionero de guerra, ya que sus padres no querí­an exponerlo a la gran maquinaria comercial que se habí­a perpetrado.

En la humilde vivienda sólo se hablaba de una cosa, ¿Cómo hacer para detener esta vorágine?, y que los medios y todas las personas dejaran en paz a Samir y a su familia.

Todas las personas adultas que se encontraban en la casa de Samir, que contando a sus padres y su hermana de veinte años, ya habían sido tentados con fuertes sumas de dinero, casas, autos, y hasta con vacaciones en distintas partes del mundo, a cambio de entrevistas exclusivas, lo que aseguraba un alto rating al programa que obtuviera la presencia del niño.

Pero sus padres y hermana, se mantení­an ajenos a estos ofrecimientos a pedido de Samir, que decí­a que todos estaban siendo puestos a prueba, sus padres no entendí­an lo que él decía, pero respetaban su decisión.

La expectativa puesta en el niño por parte de toda la avalancha de curiosos, los medios y devotos de algunas religiones, era mucha, quizá demasiada.

La primeras noches, fueron tranquilas afuera de la vivienda y alrededor del barrio, todas las personas hacían cadenas de oraciones, rezaban pidiendo por la paz mundial, por milagros globales y milagros individuales.

Tocaban con sus manos la casa donde habitaba Samir, se persignaban constantemente arrodillados en la puerta de la casa, tiraban flores en el techo de la vivienda y hasta dejaban fotos o prendas de personas enfermas, moribundas o sin trabajo.

Pero a medida que pasaban los dí­as, la gente apostada en el lugar no veía cumplidas sus expectativas, Samir no habí­a salido ni una vez a recibirlos, todos estaban desilusionados, y como tampoco el niño habí­a dado más señales de ser un enviado, las personas empezaron a rumorear y a sacar conclusiones, se notaba que el desconcierto de la masa era grande.

Pero aún, habí­a gente que pensaba que era una señal divina el tener a un pequeño con dones, la cual no se dejaba llevar por rumores.

En el lugar y estratégicamente colocadas, varias carpas albergaban a "pastores"; éstos, reclutaban seguidores en nombre Samir, otros, aprovechaban para limpiar su nombre, ya que habí­an quedado enredados en estafas, y otros, inventaban nuevas religiones en nombre de Jesús y todo, absolutamente todo, a cambio de fuertes suma de dinero.

Enseguida se crearon varias Organizaciones no Gubernamentales (ONG's), éstas se peleaban por atraer la mayor cantidad de donaciones, para ello, todo era válido, mentir, estafar o traicionar.

No pasó mucho tiempo hasta que los polí­ticos más despiertos se acercaron al lugar, y viendo que la recaudación de dinero realizada en los lugares era cuantiosa, reclamaron lo suyo enseguida, bajo amenaza de clausurar todos los lugares.

Hasta las personas más comunes, que para conseguir un lugar en las carpas, mentí­an traicionaban, sobornaban, robaban y hasta trataban de conseguir "contactos" que los llevara al sitio indicado.

Todo era histeria, todo era bajo y sucio.

Muy poca gente se quedaba rezando en lugares apartados, y eran excluidas del lugar; y cuando pedí­an explicaciones, les decían que no habían abonado la entrada correspondiente al predio "Gran Samir", o que no estaban vestidas para la ocasión, pues tení­an que estar vestidos con la remera oficial de Samir, o con las sandalias "Walk Samir", las cuales obviamente, tendrí­an que adquirir por una generosa suma en efectivo.

El rumor entre la gente fue ganando fuerza: Si el niño no era un Mesías tení­a que ser todo lo contrario, pues un enviado del cielo se acercaría a toda la gente y daría muestra de que los amaba, pero el niño, ni siquiera habí­a parecido interesarle, el que mucha gente estuviera noches enteras en vela.

Entonces, poco días después, uno de los periódicos de mayor tirada del paí­s, editaba en su portada a todo color: "Samir... ¿El Anti Cristo?".

Los medios ahora daban cuenta que en la vivienda viví­a un enviado de Satán, la televisión enseguida brindó espacios para debates de sacerdotes religiosos, empresarios, cantantes, comerciantes y hasta oportunistas buscando su media hora de fama que incluí­a a modelos, vedettes, actores y actrices semi-famosos, dando su visión del asunto, para estar frente a las cámaras y salir del oscuro anonimato.

Se habló de hacer un reality show "El Gran Profeta", donde varios religiosos católicos, judí­os, evangélicos, testigos de Jehová y otros, tendrí­an que convivir en una casa durante varios meses, en la casa tendrí­an su "confesionario" y serí­an nominados para ser expulsados de la casa por el público televidente.

Algún rápido escritor enseguida sacó a la venta su libro "Samir Angel VS Samir Demonio", liderando las ventas en ese momento.

Los comercios registraron licencias de las zapatillas, remeras, gorros, útiles escolares y miles de artí­culos con el nombre del niño, y se compusieron varias canciones la más cantada fue "Forever Samir"; los más osados prefirieron hacer un video-clip, donde se mostraba un doble de Samir caminando por las nubes, y otra versión caminando entre llamas flameantes.

Todo estaba fuera de control.

Los detractores del niño que decí­an que era un demonio, y los que afirmaban que Samir era un enviado celestial, se enfrentaban en los medio televisivos y radiales, donde un moderador hací­a de jurado en las grandes disputas.

En los programas de chimentos aparecieron de la nada enseguida, varios hermanos no reconocidos de Samir, padres adoptivos, amigos, hasta un hombre que decí­a que venía del planeta "Xion3", para buscar a Samir y llevarlo con Dios, todos los programas, obviamente, lideraron el rating en esa época.

Mientras tanto, en la ví­a pública y sobre todo en cercanías de la casa del pequeño, los que invocaban a Jesucristo y rezaban en silencio fueron apaleados, golpeados y hasta baleados, no importaba que fueron ricos o pobres, lo que verdaderamente importaba, era que en ese lugar no eran "útiles", pues no compraban nada, no se convertí­an a ninguna religión, no hací­an donaciones, o sea, no gastaban dinero, solamente rezaban pidiendo por sus almas y la de los demás.

La casa de Samir varias veces fue a apedreada, tiroteada y hasta trataron de incendiarla con todos los habitantes en su interior, pues, todos creían haber sido engañados.

Pero de a poco, la histeria empezó a mermar, los medios se dedicaron a otros asuntos más importantes, y la gente, con el tiempo, empezó a retirarse del lugar, las carpas desaparecieron gradualmente, y los campamentos improvisados se desvanecieron.

Al término de dos meses, ya no quedaba nadie en torno a la vivienda, la policí­a del lugar, tanto como los bomberos, se vieron más relajados en sus tareas, y no sobrepasados varias veces en número como tiempo atrás.

Los padres del niño, daban gracias que la locura se hubiera terminado, pues, después de casi dos meses de ferviente devoción y posteriormente dos meses de ferviente rechazo, la vida de la familia ahora podí­a volver a la normalidad, y, además, ya podrí­an salir a comprar más víveres, ya que después de un tiempo encerrados en la casa, comí­an los alimentos que les pasaba un vecino por el patio trasero de la casa.

La primer persona en salir de la vivienda fue la hermana de Samir, que dio una vuelta alrededor de las casas lindantes, algunos comercios y las iglesias del lugar para ver si en realidad, ya no quedaban curiosos que pudieran importunar a su hermano o a sus padres; la joven retornó a la vivienda y les dijo que el panorama estaba despejado, y que no tenían de qué preocuparse.

Samir salió lentamente de su casa, y no vio a nadie extraño, los vecinos de siempre lo saludaron animosamente, y varias personas conocidas de la familia pasaban y saludaban como todas las mañanas.

El niño comenzó a caminar en dirección al centro comercial, porque querí­a ir a visitar a su mentor y guí­a espiritual de confianza, el padre Novak.

Pero antes que el niño hubiera recorrido unos pocos metros de la cuadra, divisó a los lejos a un hombre que estaba sentado en el medio de un gran descampado que serví­a a veces, como cancha de fútbol improvisada, y que el contínuo ir y venir de las caravanas habí­an arruinado por completo.

Samir, fijó la vista en el hombre que estaba sentado en una vieja silla de madera de dudosa estabilidad, el muchacho tení­a el cabello crecido hasta los hombros, era moreno, parecía no tener más de cuarenta años y su estatura (por las largas piernas que sobresalían de la pequeña silla), parecía superar largamente el metro ochenta.

El hombre levantó la vista y Samir lo reconoció al instante, caminó primero a paso rápido, pero después el pequeño corrió velozmente hacia su amigo. Se detuvo frente a él, se miraron, y se fundieron en un abrazo interminable.

-Samir -dijo el hombre con voz suave-, me alegro que estés aquí conmigo, te he echado de menos-.

-Yo también a usted -dijo el pequeño.

-¿Ya vio usted como reaccionaron todos...? pedí­an milagros, comerciaron, se agredieron y hasta se mataron entre ellos -dijo el pequeño con preocupación-.

-Si Samir, todaví­a no están listos, porque todos creyeron haber sido engañados, pero se engañan con sus propias ilusiones y olvidan la palabra -dijo el hombre poniendo suavemente una mano en el hombro del niño-.

Y continuó hablando... -Pero éste poder que te ha sido confiado, fue mi guí­a, has sido un mensajero de la palabra, y has actuado valientemente sin mostrarte ante los demás descaradamente, como hicieron algunos falsos profetas...

-Señor, sólo hice lo que usted me pidió -dijo el niño.

-Samir -dijo el hombre-. Has hecho lo correcto, y aún, no están listos para el advenimiento, porque han perdido el camino, y sólo ven lo que ellos quieren ver-.

-Se han vuelto adoradores de las expectativas y en ese juego han perdido la fe, y asesinaron la simpleza de los actos y de los pensamientos, no se dan cuenta que ven milagros todos los días, cuando sale el sol, cuando canta un pájaro o cuando llueve, ellos creen que un milagro es ver a un cuerpo muerto levantarse, dar luz a ojos ciegos, o hacer vibrar las cuerdas vocales de los que desconocen el sonido de su voz... Pero Samir, si bien los prodigios designados por la mano del Buen Dios son hechos palpables en el cielo y en la tierra, no serán usados para que crean; más bien, serán usados para que se maravillen ante la naturaleza de la fe, porque han sido puesto a prueba y pude apreciar en ellos la perdición en la que están inmersos, pero ten en cuenta, que mi venida está cerca...

El hombre abrazó de nuevo al pequeño y se desvaneció en el aire poco a poco.

La madre enseguida se acercó al pequeño...

-¿Con quien hablabas hijo? -preguntó la mujer-.

-Con un señor madre, un señor que vendrá a visitarnos dentro de poco -dijo Samir viendo como el hombre se alejaba-.

-¿A visitarnos dentro de poco? -preguntó su madre desconcertada-.

-Si madre, porque está escrito: Mateo XXIV 9-13: En aquel tiempo seréis entregados a los magistrados para ser puestos en los tormentos y os darán la muerte, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre, por ser discí­pulos mí­os; con lo que muchos padecerán entonces escándalo y se harán traición unos a otros, y se odiarán recí­procamente; y aparecerá un gran número de falsos profetas que pervertirán a mucha gente y por la inundación de los vicios, se resfriará la caridad de muchos. Mas el que persevere hasta el fin, ese se salvará. Entretanto se predicará este evangelio del reino de Dios para todas las naciones y entonces vendrá el fin.

Samir miró a su madre la tomó suavemente de la mano, y caminaron lentamente hacia el centro de la ciudad.
Jesús Alejandro Godoy

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