martes, 11 de marzo de 2008

Advenimiento II

Donde habita el poder
Habían pasado varios años, desde que el niño tuvo conocimiento del advenimiento.

Su vida, era normal, pero un día todo cambió.

Samir, caminó serenamente hasta los escalones externos de la iglesia.

La gran puerta de madera estaba entreabierta.

La movió un poco para tantear si estaba abierta en realidad, ya que casi era la medianoche, y no sabía si aún, el guardia tendría la puerta interna de la iglesia habilitada.

Pero la puerta hizo un sonido chirriante, y se abrió un poco más, al sólo contacto con la mano del muchacho.

Se introdujo al pasillo como un fugitivo en la noche, y tanteó la puerta principal, ésta, también estaba abierta.

Sus pasos enseguida retumbaron con un pequeño eco, en todo el gran salón que estaba vacío.

Los únicos testigos, eran unos santos de yeso en sus pedestales, y un cristo doliente clavado en una cruz, que estaba suspendido con cables de acero, por arriba del atrio.

Todo estaba limpio.

Un aroma fresco a esencias de limón y lavanda, envolvía el aire, haciéndolo respirable, pero un tanto empalagoso.

El atrio, estaba metódicamente ordenado. La pesada y vieja Biblia, estaba abierta, y un señalador de tela recta y de color rojo, se movía al compás de una pequeña corriente de aire, que entraba por uno de los postigos abiertos de una puerta lateral.

Samir cayó pesadamente. El golpe de su rodilla contra el suelo, retumbó casi en todo el salón. Fue como si le hubiesen colocado una pesada carga en sus hombros.

Alzó la vista un segundo, y miró al Cristo crucificado, y por primera se preguntó, porque los hombres habrían elegido esa imagen del Cristo, para dar a entender que había vencido a la muerte. "Tal vez, para suavizar los corazones, y que tengan algún un tipo de culpa", pensó.

Pero Samir, sabía que su Dios estaba más vivo que nunca, no era, y jamás sería una estatua de yeso o de madera, que se columpiara o estuviera estática dentro de una iglesia.

Samir sabía, que su Dios lo escuchaba, fuese donde fuese, en cualquier lugar, no importaba donde él estuviera, ni en que estado.

Se puso de pie lentamente.

Y habló...

-Señor, he venido aquí, porque no sé que camino tomar, me siento tan solo y perdido, que no sé que hacer, ¿Qué debo hacer...?

-Dios, no tengo nada, y aún con mis posesiones más preciadas, no tengo nada. Por eso he venido aquí, porque estoy desnudo, aunque me vista con las prendas más costosas, o las más humillantes... -Estoy desnudo.

-Mis posesiones, están fuera, en la calle, en el mundo, y son del tiempo, le pertenecen, porque él se encarga de arruinarlas y devolverlas al polvo. Lo único infinito y perdurable que tengo, es mi alma Señor, no tengo más que eso. Y aún, mi cuerpo, le corresponde al tiempo, y se desvanece poco a poco en los días que pasan-.

-No tengo más, sólo mi palabra, lo que hago, lo que digo, y lo que digo que hago, y lo que hago y después digo, no tengo más que eso-.

-¿Y como puedo justificarme delante de ti...? -Si ni siquiera, mis justificaciones son válidas. No sé que hacer Señor, estoy destrozado, no sé que camino tomar-.

Samir iba a hablar nuevamente, pero sus piernas temblaron, y cayó nuevamente de rodillas. El golpe fue más seco que el anterior, y produjo un eco más lejano.

El gesto de dolor fue inmediato. Trató de incorporarse, pero no pudo. Tomó fuerzas nuevamente, y se puso de pie vacilantemente, como si sus dos piernas fuesen dos maderos débiles, que sostenían una gran carga.

Se palpó la rodilla, ésta, había tomado un color rojizo debido al golpe, y una pequeña magulladura se dejaba ver, por donde apenas brotaba un débil hilo de sangre.

-Señor, permíteme descansar. No quiero vivir más. Te confieso que he pensado en acabar con todo. He pensado en quitarme la vida. No quiero vivir más-.

Samir agachó la cabeza y gimoteó un poco, pero enseguida se repuso y alzó la vista nuevamente.

-¿Porqué tengo que sufrir?, ¿Por qué tengo que padecer todo esto?.

-No quiero saber más nada. Mis días son un tormento, y te confieso, que espero la noche para cerrar mis ojos, y que el sueño se apodere de mi alma. Sólo quiero silencio. Hasta el sol me molesta. Mis días pasan pesadamente, uno tras otro, y ansío cada día, la llegada de la noche. La luna y una estrella son mis compañeras. Estoy solo, y creo que solo terminaré. Miro el cielo, y no veo nada más que me interese-.

-Los hombres y las mujeres, han endurecido su corazón, y hasta parece que no tienen alma. Abren sus ojos a lo terrenal y lo persiguen como si fuese un gran premio, pero no se dan cuenta que al igual que yo, ellos, están desnudos-.

-Señor, no quiero... No quiero vivir con esto en mi corazón, quiero volver a mi casa. Señor... ¿Existe ese lugar de paz, donde yo pueda descansar?. Señor, necesito saber que hacer...

Samir se tambaleó una vez más, y cayó nuevamente. Esta vez, su rodilla golpeó y pareció rebotar en el duro piso de mármol de la iglesia.

Un hilo de sangre, corrió por las lujosas piezas de mármol, y bailó entre las uniones de cemento, hasta que se detuvo en el borde del altar.

Quiso ponerse de pie, pero sus esfuerzos no dieron resultado.

Entonces, alzó la vista nuevamente hacia el Cristo.

-Señor, me quedaré aquí. De rodillas. No quiero levantarme, aunque se destroce mi piel, y mi sangre se riegue por todo el piso. Quiero cerrar mis ojos para siempre. Cerrar mis ojos y soñar que todo está bien, soñar que soy feliz, soñar que soy especial-.

-Señor, no sé por donde empezar, y no sé dónde todo termina. Sé, realmente y sinceramente, soy consciente que nací para ser feliz, pero no lo soy, siento que no encajo en nada, siento que no soy de aquí-.

-Me gustaría convertirme en un pájaro; un ágil y veloz pájaro, y alejarme por los cielos rápidamente y nunca más volver. O tal vez, en un perro, o en una ardilla; pero, no quiero ser yo, no quiero vivir, ni ser de aquí-.

Por un instante, Samir trato de ponerse de pie nuevamente, pero fue inútil. Parecía como si un gran peso invisible lo estuviera manteniendo pegado al piso. Su carga pareció hacerse más pesada aún, pues su pecho empezó a agitarse, y su respiración se entrecortó. Sus párpados empezaron a caer lentamente.

La pierna que estaba libre, empezó a temblar descontroladamente. El dolor en su rodilla se profundizó. Su cintura pareció partirse como un frágil cristal.

Su rostro había quedado casi pegado al mármol frío.

Por sus orificios nasales, inhalaba el aroma pegajoso del perfume con que habían aseado el piso. Una lágrima rodó por su mejilla. Pensaba que sus súplicas habían sido escuchadas, pues estaba seguro que estaba muriendo lentamente.

Un horrible y zigzagueante dolor penetró por su pecho, como si fuese un relámpago que surca el cielo.

Instantáneamente, se colocó en posición fetal. Sus manos temblorosas tantearon el suelo. Trató de reincorporarse, pero fue inútil.

"No quiero morir, no quiero morir así", fue lo primero que vino a su mente.

Pero ya era tarde.

Parecía que el proceso estaba en marcha.

Y él sabía que la muerte era implacable. Sabía que la muerte no escatimaba lugares, momentos, ni personas. Sabía que la muerte se apropiaba de lo que le correspondía, y que era fútil, tratar de hacer algo al respecto.

¿Por qué ahora?, ¿Por qué así?, se preguntó Samir en sus pensamientos.

-Señor, no quiero morir así -dijo casi susurrando.

El dolor pareció menguar. Pero su carga seguía en su lugar, inmóvil, como él.

-Dame una oportunidad Señor- dijo.

Alzó la mirada, y miró al Cristo elevado.

-Señor, sé que vine a este mundo para cumplir mi destino, y crear metas. ¡¡¡Pero es tan duro seguir cada día!!!... ¿Porqué no todo es tan fácil?

-Señor, sé que puedo llegar, pero no tengo fuerzas. Sé que puedo soñar, pero mis sueños se desintegran como puñados de arena al viento. Señor, deseo, pero no obtengo nada. Pido, pero jamás me dieron. Busco y jamás encuentro-.

Tomó fuerzas y trató de ponerse de pie.

Se tambaleó como un hombre ebrio. En su rodilla se dejaba ver una profunda herida, por donde la sangre goteaba sin parar.

En un momento, hizo dos pasos hacia atrás, y dos hacia delante. Se quiso asir de algo. Tiró manotazos al aire, pero cayó nuevamente de rodillas.

El dolor fue inmediato. Una sensación le recorrió la pierna, como si mil escorpiones lo hubiesen punzado en sincronía.

Sus manos cayeron pesadamente al lado de su cuerpo. Con sus nudillos golpeó el suelo, y sus manos rebotaron como si fuesen de goma.

-Señor- dijo.

-Señor, quiero empezar una vez más. Quiero intentarlo, yo sé que puedo. ¿Pero como hacerlo?, ¿Cómo hacerlo Señor?. Ya no tengo fuerzas, pero quiero intentarlo una vez más, quiero hacerlo, quiero llegar un día aquí, y decirte que tuve éxito-.

-Sé, que tengo que buscarte individualmente. Sé, que tengo que admitir que todos estamos a prueba, y aún así, lo olvidamos-.

-Tal vez Señor, yo he olvidado mi prueba. Sé que soy dueño de mi destino, y aunque las organizaciones que lucran con tu nombre, quieran más poder, y me digan que soy un pecador perdido, yo sé quien soy, porque fui hecho a tu imagen y semejanza. Porque yo también puedo lograr lo imposible, y quiero seguir mi camino. Trataré de hacerlo Señor-.

-¿Pero... Y esos días, donde pierda mi fuerza?... ¿Qué haré?, ¿Dónde iré?, ¿A quién buscaré?

-Señor, no soy perfecto, pero trataré de alcanzar el éxito. Sé que mi éxito puede estar dado de cualquier forma. Sé, que no es verdad que no iré a tu lado si gano, porque nací para ganar. Sé que no es verdad, que no iré a tu lado, si tengo éxito, porque fui hecho para ser feliz. Y cuando yo gano, cuando todos ellos ganan Tú ríes desde lo alto, y lo sé bien, porque es así-.

-Señor, sé bien, que dicen que para seguir tu camino hay que tener culpa, y sentirse prisionero de las necesidades que crean unos cuantos hombres que desean poder, para tenerme atado a sus convicciones-.

-Pero también sé, que cuando soy como soy, soy libre... y Señor, seré libre hasta el último día, y seré libre en mis acciones y decisiones, donde el verdadero poder está disfrazado-.

-Señor, dame una oportunidad para seguir. Señor, creo en Ti, pero no puedo admitir lo que dicen aquellos, esos... cuando dicen que tengo que ser pobre, estar dolido y ser débil para ir a tu lado. Porque señor, quiero vivir y morir como Tú. Quiero enfrentar todas las palabras necias como Tú lo hiciste. Quiero ser aventurero y seguir mis instintos. Quiero que todos sepan que valgo, quiero morir por mis ideales, quiero morir defendiendo mis convicciones, quiero morir como un rebelde, y aún seguir dando lucha hasta el fin, como Tú lo hiciste-.

-¿Por qué me dicen que tengo que ser débil, obsecuente y frágil, para estar a tu lado?-.

-Señor, quiero ser como Tú. Quiero vivir con mis ideas a flor de piel, no importa que me digan que soy raro, o que estoy deschavetado. No importa que me censuren, ni que traten de obligarme a retractarme, porque yo soy yo, y quiero vivir como Tú, porque fui hecho a tu imagen y semejanza, y en mí, en mí reside el poder, en mi corazón y en mi alma habita el poder que todo lo puede, que todo lo logra-

-¿Pero que haré Señor, cuando ya no pueda más?... ¿Qué haré?

-Señor, yo sigo mi camino, y vivo donde habita el poder que todo lo vence: en mí mismo, en mi corazón, en mi alma, en mis ojos, y en mis labios, y aunque mi piel y mis huesos sean reclamados por la tierra, lucharé, y triunfaré, trataré de llegar Señor... pero aún así.. tengo miedo.

-Tengo miedo de fracasar.

-Pero... ¿Qué es el fracaso, sino, los escalones necesarios para alcanzar el éxito?.

-Señor, seguiré tu camino. Pero mi camino no será de pobrezas, de fragilidades, remordimientos, culpas, obsecuencias, ni sometimiento-.

-Soy libre, y seguiré mi camino. Seguiré mis ideales, y moriré como un rebelde, en mi cruz. Y ése será mi signo, no será un símbolo que signifique que he vencido a la muerte, más bien, será el símbolo de que me he vencido a mí mismo, y ése será el éxito más grande de todos, porque sabré que me he vencido... -Al igual que Tú, que tuviste que vencer tus miedos, pero sin embargo con tu alma plagada de dudas y preguntas sin respuestas, marchaste al frente, y te enfrentaste a tu destino-.

-Así seré yo.

-Y no me arrepentiré jamás, no daré pasos hacia atrás, no vacilaré, tomaré mis decisiones, porque soy libre, al igual que Tú lo fuiste-.

-Y algún día, me seguirán como yo te sigo, o repetirán mis palabras, como yo repito las tuyas, o tal vez, querrán imitarme, como yo trato de imitarte. Seré un luchador y triunfaré-.

Samir escuchó un leve sonido que venía desde una puerta. En ese momento, vio como un anciano se acercaba, enfundado en un mameluco de color celeste.

El hombre se acercó lentamente al muchacho que estaba arrodillado.

-Hijo, ya cerraré las puertas de la iglesia -dijo el hombre.

Samir, comprendió que era el guardia del lugar, que también a veces oficiaba de maestranza.

-¿Que te ha sucedido hijo?- le preguntó el hombre a Samir-.

-He caído por tercera vez-le dijo el muchacho mirándolo fijamente-.

-Déjame que te ayude -le dijo el anciano, dejando un escobillón apoyado sobre uno de los bancos de madera-.

El anciano se acercó, y lo tomó por debajo de sus axilas, y lo ayudó a reincorporarse.

Samir, hizo un gesto de enorme dolor. Se puso de pie, y se tambaleó nuevamente en su lugar, pero esta vez no cayó.

El anciano tenía una mano en el hombro del muchacho, y lo sostenía

-¿Por qué has caído tres veces? –le preguntó el anciano.

-Porque he llegado aquí, a buscar respuestas –respondió Samir.

-¿Y has encontrado lo que buscabas? –le preguntó el hombre.

-Tal vez sí –le dijo Samir.

-Tal vez, he encontrado la solución más grande para continuar mi camino –dijo nuevamente.

Samir se persignó, dio media vuelta y caminó tambaleante hasta la puerta principal de la iglesia.

Giró su cabeza, y miró nuevamente al Cristo doliente.

Miró al anciano que lo había ayudado, abrió la puerta, y la cerró con un sonido chirriante tras de sí.

El anciano miró el suelo de fino mármol de la iglesia.

Enseguida notó algo extraño.

Una de las enormes baldosas del suelo se había rajado, como si algo pesado hubiera caído sobre ella. Las rajaduras eran pequeñas, pero se evidenciaba, que había sido golpeada con algo duro y pesado.

El anciano levantó sus hombros, haciendo un gesto de desinterés y caminó lentamente a buscar su trapo de piso, para secar una pequeña marca que había llegado hasta el borde del altar, y que parecía brotar de la rajadura.

A último momento, pareció arrepentirse.

Miró su reloj de pulsera, tomó su escobillón.

"Lo limpiaré mañana" pensó.

Caminó hasta la puerta de la sacristía, apagó las luces del gran salón, y todo quedó en silencio.
Jesús Alejandro Godoy

jueves, 6 de marzo de 2008

Advenimiento I

El engaño
Porque está escrito...

Samir, era uno pequeño devoto de corazón y puro de alma, de origen muy humilde, casi rozando la precariedad, pero ante todo respetuoso y estudioso.

El niño no solamente sabí­a los pasajes de la Biblia siendo aún muy pequeño, sino que también, sus familiares, sobre todo sus padres, se maravillaban escuchando al niño disertar sobre los milagros de Jesús El Cristo, o hablar sobre Moisés, Abraham, David y Goliat y otros personajes célebres en el cristianismo.

El niño era todo un prodigio, y en poco tiempo se hizo conocido en su localidad.

Los padres de la iglesia cristiana lo invitaban a leer pasajes de la Biblia en las misas dominicales, y los eruditos estudiosos de las Sagradas Escrituras, lo invitaban a sacar conclusiones entre ellos, de los varios y posibles mensajes de Dios hacia el mundo y hacia las demás religiones, a las que el niñoo no sólo admití­a, sino que también afirmaba que eran todas originadas en la fe hacia un sólo Dios.

Pero Samir, siempre hací­a hincapié en que todos, incluso él, serí­an puestos a prueba.

Todas las personas que se encontraban o hablaban con Samir, quedaban estupefactos ante los conocimientos del niño, y algunos, estaban seguros que era un "iluminado" de los cielos.

Durante los primeros tiempos, todo marchaban normalmente, pero después las cosas empezaron a cambiar.....

Una mañana de domingo, el niño estaba leyendo un pasaje de la Biblia y una anciana se desplomó inconsciente dentro de la iglesia, se causó alboroto; un médico que se encontraba en el lugar la revisó y la declaró muerta; Samir se acercó, miró a la mujer atónito, pero se arrodilló frente a ella y mientras tocaba su mano murmuró algo en voz baja...

La anciana pareció haber sido alcanzada por un rayo, porque en ese instante se convulsionó violentamente y abrió los ojos...

La prensa toda estalló; radio, televisión y periódicos, dieron una espectacular difusión al niño prodigio, y mucha gente vio en él, a un enviado, hasta algunos llegaron a especular que era el Mesías reencarnado, augurando el inconsciente colectivo que se avecinaba.

No tardaron en llegar a la ciudad de Ituzaingó en el Gran Buenos Aires, las primeras personas para conocerlo, al mes, estaba rodeado su hogar y hasta su barrio natal: Barrio Marina.

Varias organizaciones de distintas religiones y sectas de distinta í­ndole se congregaban a favor del niño, algunos pidiendo una señal del cielo, otras, milagros de todo tipo, por lo que acercaban personas lisiadas en camillas, y hasta traí­an a personas moribundas; los oportunistas de turno que se apostaron en el lugar, empezaron a ofrecer remeras con el nombre de Samir, agua bendecida por Samir, la cruz de Samir, que obviamente (según los comerciantes) daba resultado en todas las religiones, hasta ofrecÃían tours por el colegio donde el niño cursaba la primaria y por los lugares donde jugaba.

Los familiares del niño, sus primos, amigos y conocidos, eran acosados todo el tiempo por varios representantes de revistas y diarios, para que revelaran datos del niño y así, develar el secreto de sus conocimientos y poder, a cambio de jugosas sumas de dinero que aceptaban sin vueltas.

Después de éstas visitas, no solamente sacaron a la venta la remera con el rostro de Samir (que habí­an extraí­do de una fotografí­a familiar), sino que también se vendí­an pósters del niño, cuadros, carpetas colegiales, tarjetas telefónicas y todo en lo que se pudiera imprimir una imagen.

Enseguida aparecieron los debates televisivos con varios religiosos católicos mediáticos en un rincón, y pastores representantes de organizaciones de dudoso buen proceder, por el otro.

Todo era una buena oportunidad para hacer negocios.

La ola de acontecimientos habí­a superado al niño, que se mantení­a encerrado en su casa como si fuera un prisionero de guerra, ya que sus padres no querí­an exponerlo a la gran maquinaria comercial que se habí­a perpetrado.

En la humilde vivienda sólo se hablaba de una cosa, ¿Cómo hacer para detener esta vorágine?, y que los medios y todas las personas dejaran en paz a Samir y a su familia.

Todas las personas adultas que se encontraban en la casa de Samir, que contando a sus padres y su hermana de veinte años, ya habían sido tentados con fuertes sumas de dinero, casas, autos, y hasta con vacaciones en distintas partes del mundo, a cambio de entrevistas exclusivas, lo que aseguraba un alto rating al programa que obtuviera la presencia del niño.

Pero sus padres y hermana, se mantení­an ajenos a estos ofrecimientos a pedido de Samir, que decí­a que todos estaban siendo puestos a prueba, sus padres no entendí­an lo que él decía, pero respetaban su decisión.

La expectativa puesta en el niño por parte de toda la avalancha de curiosos, los medios y devotos de algunas religiones, era mucha, quizá demasiada.

La primeras noches, fueron tranquilas afuera de la vivienda y alrededor del barrio, todas las personas hacían cadenas de oraciones, rezaban pidiendo por la paz mundial, por milagros globales y milagros individuales.

Tocaban con sus manos la casa donde habitaba Samir, se persignaban constantemente arrodillados en la puerta de la casa, tiraban flores en el techo de la vivienda y hasta dejaban fotos o prendas de personas enfermas, moribundas o sin trabajo.

Pero a medida que pasaban los dí­as, la gente apostada en el lugar no veía cumplidas sus expectativas, Samir no habí­a salido ni una vez a recibirlos, todos estaban desilusionados, y como tampoco el niño habí­a dado más señales de ser un enviado, las personas empezaron a rumorear y a sacar conclusiones, se notaba que el desconcierto de la masa era grande.

Pero aún, habí­a gente que pensaba que era una señal divina el tener a un pequeño con dones, la cual no se dejaba llevar por rumores.

En el lugar y estratégicamente colocadas, varias carpas albergaban a "pastores"; éstos, reclutaban seguidores en nombre Samir, otros, aprovechaban para limpiar su nombre, ya que habí­an quedado enredados en estafas, y otros, inventaban nuevas religiones en nombre de Jesús y todo, absolutamente todo, a cambio de fuertes suma de dinero.

Enseguida se crearon varias Organizaciones no Gubernamentales (ONG's), éstas se peleaban por atraer la mayor cantidad de donaciones, para ello, todo era válido, mentir, estafar o traicionar.

No pasó mucho tiempo hasta que los polí­ticos más despiertos se acercaron al lugar, y viendo que la recaudación de dinero realizada en los lugares era cuantiosa, reclamaron lo suyo enseguida, bajo amenaza de clausurar todos los lugares.

Hasta las personas más comunes, que para conseguir un lugar en las carpas, mentí­an traicionaban, sobornaban, robaban y hasta trataban de conseguir "contactos" que los llevara al sitio indicado.

Todo era histeria, todo era bajo y sucio.

Muy poca gente se quedaba rezando en lugares apartados, y eran excluidas del lugar; y cuando pedí­an explicaciones, les decían que no habían abonado la entrada correspondiente al predio "Gran Samir", o que no estaban vestidas para la ocasión, pues tení­an que estar vestidos con la remera oficial de Samir, o con las sandalias "Walk Samir", las cuales obviamente, tendrí­an que adquirir por una generosa suma en efectivo.

El rumor entre la gente fue ganando fuerza: Si el niño no era un Mesías tení­a que ser todo lo contrario, pues un enviado del cielo se acercaría a toda la gente y daría muestra de que los amaba, pero el niño, ni siquiera habí­a parecido interesarle, el que mucha gente estuviera noches enteras en vela.

Entonces, poco días después, uno de los periódicos de mayor tirada del paí­s, editaba en su portada a todo color: "Samir... ¿El Anti Cristo?".

Los medios ahora daban cuenta que en la vivienda viví­a un enviado de Satán, la televisión enseguida brindó espacios para debates de sacerdotes religiosos, empresarios, cantantes, comerciantes y hasta oportunistas buscando su media hora de fama que incluí­a a modelos, vedettes, actores y actrices semi-famosos, dando su visión del asunto, para estar frente a las cámaras y salir del oscuro anonimato.

Se habló de hacer un reality show "El Gran Profeta", donde varios religiosos católicos, judí­os, evangélicos, testigos de Jehová y otros, tendrí­an que convivir en una casa durante varios meses, en la casa tendrí­an su "confesionario" y serí­an nominados para ser expulsados de la casa por el público televidente.

Algún rápido escritor enseguida sacó a la venta su libro "Samir Angel VS Samir Demonio", liderando las ventas en ese momento.

Los comercios registraron licencias de las zapatillas, remeras, gorros, útiles escolares y miles de artí­culos con el nombre del niño, y se compusieron varias canciones la más cantada fue "Forever Samir"; los más osados prefirieron hacer un video-clip, donde se mostraba un doble de Samir caminando por las nubes, y otra versión caminando entre llamas flameantes.

Todo estaba fuera de control.

Los detractores del niño que decí­an que era un demonio, y los que afirmaban que Samir era un enviado celestial, se enfrentaban en los medio televisivos y radiales, donde un moderador hací­a de jurado en las grandes disputas.

En los programas de chimentos aparecieron de la nada enseguida, varios hermanos no reconocidos de Samir, padres adoptivos, amigos, hasta un hombre que decí­a que venía del planeta "Xion3", para buscar a Samir y llevarlo con Dios, todos los programas, obviamente, lideraron el rating en esa época.

Mientras tanto, en la ví­a pública y sobre todo en cercanías de la casa del pequeño, los que invocaban a Jesucristo y rezaban en silencio fueron apaleados, golpeados y hasta baleados, no importaba que fueron ricos o pobres, lo que verdaderamente importaba, era que en ese lugar no eran "útiles", pues no compraban nada, no se convertí­an a ninguna religión, no hací­an donaciones, o sea, no gastaban dinero, solamente rezaban pidiendo por sus almas y la de los demás.

La casa de Samir varias veces fue a apedreada, tiroteada y hasta trataron de incendiarla con todos los habitantes en su interior, pues, todos creían haber sido engañados.

Pero de a poco, la histeria empezó a mermar, los medios se dedicaron a otros asuntos más importantes, y la gente, con el tiempo, empezó a retirarse del lugar, las carpas desaparecieron gradualmente, y los campamentos improvisados se desvanecieron.

Al término de dos meses, ya no quedaba nadie en torno a la vivienda, la policí­a del lugar, tanto como los bomberos, se vieron más relajados en sus tareas, y no sobrepasados varias veces en número como tiempo atrás.

Los padres del niño, daban gracias que la locura se hubiera terminado, pues, después de casi dos meses de ferviente devoción y posteriormente dos meses de ferviente rechazo, la vida de la familia ahora podí­a volver a la normalidad, y, además, ya podrí­an salir a comprar más víveres, ya que después de un tiempo encerrados en la casa, comí­an los alimentos que les pasaba un vecino por el patio trasero de la casa.

La primer persona en salir de la vivienda fue la hermana de Samir, que dio una vuelta alrededor de las casas lindantes, algunos comercios y las iglesias del lugar para ver si en realidad, ya no quedaban curiosos que pudieran importunar a su hermano o a sus padres; la joven retornó a la vivienda y les dijo que el panorama estaba despejado, y que no tenían de qué preocuparse.

Samir salió lentamente de su casa, y no vio a nadie extraño, los vecinos de siempre lo saludaron animosamente, y varias personas conocidas de la familia pasaban y saludaban como todas las mañanas.

El niño comenzó a caminar en dirección al centro comercial, porque querí­a ir a visitar a su mentor y guí­a espiritual de confianza, el padre Novak.

Pero antes que el niño hubiera recorrido unos pocos metros de la cuadra, divisó a los lejos a un hombre que estaba sentado en el medio de un gran descampado que serví­a a veces, como cancha de fútbol improvisada, y que el contínuo ir y venir de las caravanas habí­an arruinado por completo.

Samir, fijó la vista en el hombre que estaba sentado en una vieja silla de madera de dudosa estabilidad, el muchacho tení­a el cabello crecido hasta los hombros, era moreno, parecía no tener más de cuarenta años y su estatura (por las largas piernas que sobresalían de la pequeña silla), parecía superar largamente el metro ochenta.

El hombre levantó la vista y Samir lo reconoció al instante, caminó primero a paso rápido, pero después el pequeño corrió velozmente hacia su amigo. Se detuvo frente a él, se miraron, y se fundieron en un abrazo interminable.

-Samir -dijo el hombre con voz suave-, me alegro que estés aquí conmigo, te he echado de menos-.

-Yo también a usted -dijo el pequeño.

-¿Ya vio usted como reaccionaron todos...? pedí­an milagros, comerciaron, se agredieron y hasta se mataron entre ellos -dijo el pequeño con preocupación-.

-Si Samir, todaví­a no están listos, porque todos creyeron haber sido engañados, pero se engañan con sus propias ilusiones y olvidan la palabra -dijo el hombre poniendo suavemente una mano en el hombro del niño-.

Y continuó hablando... -Pero éste poder que te ha sido confiado, fue mi guí­a, has sido un mensajero de la palabra, y has actuado valientemente sin mostrarte ante los demás descaradamente, como hicieron algunos falsos profetas...

-Señor, sólo hice lo que usted me pidió -dijo el niño.

-Samir -dijo el hombre-. Has hecho lo correcto, y aún, no están listos para el advenimiento, porque han perdido el camino, y sólo ven lo que ellos quieren ver-.

-Se han vuelto adoradores de las expectativas y en ese juego han perdido la fe, y asesinaron la simpleza de los actos y de los pensamientos, no se dan cuenta que ven milagros todos los días, cuando sale el sol, cuando canta un pájaro o cuando llueve, ellos creen que un milagro es ver a un cuerpo muerto levantarse, dar luz a ojos ciegos, o hacer vibrar las cuerdas vocales de los que desconocen el sonido de su voz... Pero Samir, si bien los prodigios designados por la mano del Buen Dios son hechos palpables en el cielo y en la tierra, no serán usados para que crean; más bien, serán usados para que se maravillen ante la naturaleza de la fe, porque han sido puesto a prueba y pude apreciar en ellos la perdición en la que están inmersos, pero ten en cuenta, que mi venida está cerca...

El hombre abrazó de nuevo al pequeño y se desvaneció en el aire poco a poco.

La madre enseguida se acercó al pequeño...

-¿Con quien hablabas hijo? -preguntó la mujer-.

-Con un señor madre, un señor que vendrá a visitarnos dentro de poco -dijo Samir viendo como el hombre se alejaba-.

-¿A visitarnos dentro de poco? -preguntó su madre desconcertada-.

-Si madre, porque está escrito: Mateo XXIV 9-13: En aquel tiempo seréis entregados a los magistrados para ser puestos en los tormentos y os darán la muerte, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre, por ser discí­pulos mí­os; con lo que muchos padecerán entonces escándalo y se harán traición unos a otros, y se odiarán recí­procamente; y aparecerá un gran número de falsos profetas que pervertirán a mucha gente y por la inundación de los vicios, se resfriará la caridad de muchos. Mas el que persevere hasta el fin, ese se salvará. Entretanto se predicará este evangelio del reino de Dios para todas las naciones y entonces vendrá el fin.

Samir miró a su madre la tomó suavemente de la mano, y caminaron lentamente hacia el centro de la ciudad.
Jesús Alejandro Godoy

jueves, 28 de febrero de 2008

El círculo del enojo

...El dueño de una empresa gritó al administrador, porque estaba enojado en ese momento.

...El administrador llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de gastar demasiado, al verla con un vestido nuevo.

...La esposa gritó a la empleada porque rompió un plato.

...La empleada dio un puntapié al perro porque la hizo tropezar.

...El perro salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por la vereda, porque obstaculizaba su salida por la puerta.

...Esa señora fue al hospital a vacunarse contra la rabia y gritó al joven médico porque le dolió cuando le aplicó la vacuna.

...El joven médico llegó a su casa y gritó a su madre, porque la comida no era de su agrado.

La madre le acarició los cabellos diciéndole:

-"Hijo querido, mañana te haré tu comida favorita. Tú trabajas mucho. Estás cansado y necesitas de una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas para que descanses con tranquilidad. Mañana te sentirás mejor...".

Luego lo bendijo y abandonó la habitación, dejándolo sólo con sus
pensamientos...

En ese momento, se interrumpió el CÍRCULO DEL ENOJO, porque chocó con la TOLERANCIA, con el RESPETO, con el PERDÓN y con el AMOR.

Autor desconocido

martes, 26 de febrero de 2008

Historias sobre la arrogancia IV

La arrogancia de la envidia

En el desierto de Siria, decía Satanás a sus discípulos: -el ser humano, siempre está más preocupado, por desear el mal, a los otros que en hacerse el bien a sí mismo.Y para probar lo que decía, decidió tentar a dos hombres que descansaban allí cerca.-He venido para hacer realidad tus deseos, le dijo a uno de ellos. Puedes pedir lo que quieras, que te será dado. Tu amigo recibirá lo mismo que tú, pero el doble.El hombre permaneció largo tiempo en silencio.Finalmente, dijo:-Mi amigo está contento, porque obtendrá el doble que yo, sea cual sea mi deseo. Pero he conseguido prepararle una trampa: mi deseo es que me dejes ciego de un ojo.
Autor desconocido

lunes, 18 de febrero de 2008

Historias sobre la arrogancia III

La arrogancia de la fuerza

La aldea estaba amenazada por una tribu de bárbaros. Los habitantes fueron abandonando sus casas, y huyeron hacia un lugar más seguro.
Al final del año, todos habían partido, excepto un grupo de jesuitas.
El ejército bárbaro entró en la ciudad sin encontrar resistencia e hizo una gran fiesta para celebrar la victoria.
En mitad de la comida, apareció un padre jesuita.
-Habéis entrado aquí y habéis echado fuera la paz.
Os pido por favor que os vayáis sin demora.
-¿Por qué no has huido todavía?, gritó el jefe bárbaro.
-¿No ves que puedo atravesarte con mi espada sin siquiera pestañear?
-El padre respondió con calma:
-¿No ves que yo puedo ser atravesado por una espada sin siquiera pestañear?

Sorprendido por tan gran serenidad ante la muerte,
el jefe bárbaro y su tribu abandonaron el lugar al día siguiente.
Autor desconocido

lunes, 11 de febrero de 2008

Historias sobre la arrogancia II

La arrogancia de la santidad
El monje zen había pasado diez años meditando en su cueva, intentado descubrir el camino de la Verdad. Una tarde, mientras oraba, se le acercó un mono.
El monje intentó concentrarse.
El mono, sin embargo, se le acercó despacito y le quitó la sandalia.
-¡Maldito mono. dijo el monje.
-¿por qué has venido a perturbar mis oraciones?
-Tengo hambre. dijo el mono.
-¡Largo de aquí!¡Estorbas mi comunicación con Dios!
-¿Cómo quieres hablar con Dios, si no eres capaz de comunicarte con los más humildes, como yo? - dijo el mono.

Y el monje, avergonzado, le pidió disculpas.
Autor desconocido

miércoles, 6 de febrero de 2008

Historias sobre la arrogancia I

La arrogancia del poder

Maestro y discípulo conversaban en una esquina, cuando una anciana los abordó:
-¡Apártense de delante de mi escaparate! gritó,
-¡Están estorbando a mis clientes!
El maestro pidió disculpas, y cambió de acera.
Continuaban la conversación, cuando se les acercó un policía.
-Necesitamos que se aparte de esta acera!
dijo el policía.
-El conde va a pasar por aquí dentro de poco.
-Que el conde pase por el otro lado de la calle, respondió el maestro, sin moverse de su sitio.

Después se giró a su discípulo:
-No lo olvides: no seas nunca arrogante
con los humildes, ni humilde con los arrogantes.

Paulo Coelho