lunes, 15 de enero de 2007

Fin

Entonces exclamó el rey Schahriar: “¡Oh Schahrazada! ¡cuán expléndida es esa historia! ¡Oh! ¡qué admirable es” Me has instruido, ¡oh docta y discreta! Y me has hecho ver los acontecimientos que les sucedieron a otros que yo, y considerar atentamente las palabras de los reyes y de los pueblos pasados, y las cosas extraordinarias o maravillosas o sencillamente dignas de reflexión que les ocurrieron. Y he aquí en verdad, que, después de haberte escuchado durante estas mil noches y una noche, salgo con un alma profundamente cambiada y alegre y embebida del gozo de vivir. Así, pues, ¡gloria a quien te ha concedido tantos dones selectos, ¡oh bendita hija de mi visir! Ha perfumado tu boca y ha puesto la elocuencia en tu lengua y la inteligencia detrás de tu frente!

Anónimo

jueves, 11 de enero de 2007

El escorpión y el maestro

Un maestro oriental que vio cómo un escorpión se estaba ahogando, decidió sacarlo del agua, pero cuando lo hizo, el bicho le picó.

Por la reacción al dolor, el maestro soltó al animal, que cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose. El maestro de nuevo intentó sacarlo y otra vez el bicho le volvió a picar.

Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo:

- Perdone, ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que usted intenta sacarlo del agua lo picará?

- La naturaleza del escorpión es picar y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar -respondió el maestro.

Y entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.

Autor desconocido

martes, 9 de enero de 2007

Lo esencial

El Principito habla con el zorro al que ha "domesticado", es decir, del que se ha hecho amigo pero ha llegado la hora de marcharse. El zorro le ha prometido que le revelará un secreto antes de que se vaya. Va al jardín a ver las rosas antes de marcharse. Él tiene en su planeta una rosa que es especial para él, esa rosa especial le ha "domesticado el corazón" y ahora sabe lo que se siente... El Principito fue a ver nuevamente a las rosas:

- No sois en absoluto parecidas a mi rosa; no sois nada aún -les dijo-. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.Y las rosas se sintieron bastante molestas.

- Sois bellas, pero estáis vacías - les dijo.

-No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo una campana de cristal. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con un biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a la que escuché quejarse, o alabarse, o también, algunas veces callarse. Puesto que es mi rosa.

Y se volvió adonde estaba el zorro:

- Adiós -dijo.

- Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

- Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el Principito, a fin de acordarse.

- El tiempo que perdiste por tu rosa es lo que hace a tu rosa tan importante -dijo el zorro.

- El tiempo que perdí por mi rosa... -dijo el Principito, a fin de acordarse.

- Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro. -Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...

- Soy responsable de mi rosa... -repitió el Principito, a fin de acordarse.

Antoine De Saint-Exupéry

lunes, 8 de enero de 2007

Reflejo de vida

Habia una vez un anciano que pasaba los dias sentado junto a un pozo de agua a la entrada del pueblo. Un dia, un joven se acerco y le pregunto:

-Yo nunca he venido por estos lugares. Como son los habitantes de esta ciudad?

El anciano le respondio con otra pregunta:

-Como eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?

-Egoistas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de alli.

-Asi son los habitantes de esta ciudad - le respondio el anciano.

Un poco despues, otro joven se acerco al anciano y le hizo la misma pregunta:

-Voy llegando a este lugar. Como son los habitantes de esta ciudad?

El anciano de nuevo le contesto con la misma pregunta:

-¿Como eran los habitantes de la ciudad de donde vienes?

-Eran buenos, generosos, hospitalarios y trabajadores. Tenia tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos...

-Tambien los habitantes de esta ciudad son asi - respondio el anciano.

Un hombre que habia llevado sus animales a tomar agua al pozo y que habia escuchado la conversacion, en cuanto el joven se alejo, le dijo al anciano:

-Como puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?

-Mira - le respondio - Cada uno lleva el universo en su corazon. Quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo hallara aqui. En cambio, aquel que tenia amigos en su ciudad, encontrara tambien aqui amigos leales y fieles. Porque las personas son lo que encuentran en si mismas; encuentran siempre lo que esperan encontrar.

Autor desconocido

domingo, 7 de enero de 2007

Para reflexionar...

Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un grillo.~ ¿Hacia dónde vas?, Le preguntó. Sin dejar de caminar, la oruga contestó: ~ Tuve un sueño anoche; soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo. Sorprendido, el grillo dijo mientras su amigo se alejaba: ~ ¡Debes estar loco!, ¿Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? Vos, ¡una simple oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable. Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse. De pronto se oyó la voz de un escarabajo: ~ ¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño? Sudando ya el gusanito, le dijo: ~ Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo. El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo: ~ Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa. El se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros. Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir. ~ ¡No lo lograrás jamás! Le dijeron, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir. Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pasar la noche. Estaré mejor, fue lo último que dijo, y murió. Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo. Había construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable. Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos. De pronto quedaron atónitos. Aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creían muerta. Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: una mariposa. No hubo nada que decir, todos sabían lo que haría: se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño; el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir. Todos se habían equivocado.

Autor desconocido

sábado, 6 de enero de 2007

Jugando al golf

Moisés, Jesús y un viejecito decidieron disputar un partido de golf, y el campo se llenó de fanáticos antes del juego. En el hoyo considerado como el más difícil porque tenía un lago en el centro.

Moisés tiró primero, la pelota salió disparada, cayó en el medio del lago, y se hundió. Moisés caminó hasta el borde del lago, alzó su el palo de golf, hizo que se abrieran las aguas, bajó caminando hasta donde estaba la pelota, y de un golpe la sacó del fondo. Con solo otro golpe, la metió en el hoyo, y la gente le aplaudió emocionada.

Luego fue el turno de Jesús. La pelota salió igualmente disparada, e igualmente fue derecha al lago, pero de repente se detuvo y quedo suspendida a escasos centímetros de la superficie. Jesús caminó entonces sobre las aguas, y con un golpe preciso, mandó la pelota directamente al hoyo. La ovación de la gente fue ensordecedora.

Por último, le tocó el turno al viejecito. La pelota, una vez más, cayó en el lago y se hundió y el público hizo un respetuoso silencio, preguntándose qué podría hacer el pobre viejo. De pronto, del agua saltó un pez con la pelota en la boca y, justo en ese momento, pasó un águila que lo pescó al vuelo. El águila se alejó volando por el límpido cielo llevando el pez en su pico mientras este sostenía aún la pelota. Entonces, como salida de la nada, apareció una nube negra, y de ella brotó un rayo que, pegando certeramente en la cabeza del águila, la mató al instante. Al caer, el ave soltó al pez, el pez soltó la pelota y esta cayó exactamente en el hoyo!

Primero se hizo un silencio dramático y luego la gente, enloquecida, prorrumpió en cerrado aplauso para el viejecito.

Jesús se acercó entonces al viejecito, que sonreía tímidamente, y le dijo:

- Rayos, Papá... tu te pasas!!!!!!!

Autor desconocido

viernes, 5 de enero de 2007

Farid

Farid, el emperador Akbar te tiene mucho respecto; pídele que abra una escuela en tu ciudad.

Farid dijo:

"Nunca le he pedido nada a nadie. Soy un faquir, sólo sé dar."

La gente de la ciudad esta muy sorprendida.

Siempre habíamos pensado que los faquires mendigaban le dijeron pero tú dices que los faquires sólo san. No entendemos estas cosas tan sutiles y tan serias. Por favor, haznos un favor: pídele a Akbar que nos abra una escuela.

La gente de la ciudad era muy tenaz, de modo que por la mañana temprano Farid fue a ver Akbar. Este estaba rezando en su mezquita y Farid se colocó detrás de él. Cuando Akbar acabó sus oraciones, levanto la dos manos hacia el cielo y exclamó:

¡" Oh Dios! Aumenta mi riqueza, aumenta mi tesoro, aumenta mi reino".

Al oír esto, Farid se volvió para marcharse. Akbar se levantó y vio que Farid se estaba yendo. Corrió detrás de él y le preguntó:

"¿Por qué has venido y por qué te vas?"

Farid le dijo:

"Creía que eras un emperador, pero me he dado cuenta de que tú también eres un mendigo. Te iba a pedir una escuela para la ciudad, no sabía que tú también le pides a Dios que aumente tu riqueza y tu tesoro. No me parece bien pedirle algo a un mendigo. Creía que eras un emperador, pero ahora veo que eres un mendigo, de modo que me marcho."

Autor desconocido