jueves, 31 de agosto de 2006

Café

Qué sencillo un café con mediaslunas...pero para esto tuvo que haber una guerra...Los turcos que ocuparon 500 años los Balcanes estuvieron sitiando a Viena, peroFueron repelidos con la gran ayuda del patriota y militar polaco Kociusko...al huir,Dejando unas bolsas con granos verdes que no sabían para qué se aplicaban...masAlguien les explicó: los turcos tuestan estas semillas, las pulverizan y luego hacenUn bebida estimulante llama kaffhe... Así entró el café en Viena, famosa ciudadPor sus valses y sus cafés...Y cuando los turcos se fueron, los panaderos en señalDe burla hicieron una confitura en forma de media luna, de allí los croisant, comoLo denominan los franceses... ¡marche un café con dos mediaslunas...!

miércoles, 30 de agosto de 2006

El parásito del amor

El amor es un parásito, estoy convencido. Causa unadolencia , que en su fase inicial no suele ser percibida.Generalmente llega acompañando una fiebre que ciega
toda razón y lógica, y que dura un tiempo relativamente prolongado, acompañado de malestares de insomnio yla falta de apetito. Algunos pacientes experimentan
estados de idiotez de niveles importantes y simultáneamente se desarrollan ataques de celos.Algún tiempo después , cuando la dolencia se hahecho crónica y el sujeto percibe que algo no anda bien
y ya la libertad de ser "uno" no existe, empiezan las
palpitaciones, la falta de aire y elespacio personal, los dolores en el pecho y ladesesperación gratuita.La lucha contra este parásito y su erradicación, no esnada fácil. Se requiere una fuerza de voluntad en dosis mayores y aveces todo intento de eliminación es fútil. Algunos individuoshan ido desarrollando cierta inmunidad a este parásito,
a fuerza de haber contraído en alguna época previa la dolencia insensible. No hay lucha preventiva , ni vacuna , ni antídoto.Solo técnicas desarrolladas a golpe de lágrimas.
Estudios de laboratorio han concluído que debe ser la acumulación de sal yla digestión de malas experiencias, lo que ha
contribuido con cierta sinergia para lograr que algunas victimas salgan milagrosamente con vida.
Germán Berdiales

martes, 29 de agosto de 2006

Juan Salvador Gaviota

Nos habla de una gaviota que se atrevió a soñar.
Le interesaba ser ella misma, vivir intensamente,
potenciar todos sus talentos y posibilidades.
No aceptaba
la vida monótona y siempre igual de la bandada
que sólo se atrevía a vuelos rastreros, sin alma,
detrás de los desperdicios que arrojaban los barcos.
Ella sentía en su alma el llamado de las alturas,
la vocación de libertad. Por atreverse a proponer
una vida distinta, la aislaron, la dejaron sola,
la tacharon de loca, la desterraron.
Juan Salvador,
la pequeña gaviota, aceptó la soledad del aprender de nuevo,
la soledad de la búsqueda atrevida de mares nuevos,
nuevos cielos,
nuevos horizontes.
En lo profundo de su corazón adolorido,
sentía que sus alas habían nacido para abrirse a la inmensidad de lo desconocido.
Y se arriesgó.
Tras muchos ensayos fallidos,
un día se encontró surcando los altos cielos,
azules, maravillosos, inmensos,
con un halo de eternidad.
Y ese día entendió por qué y para qué había nacido gaviota.
Palpó el vértigo de lo profundo, vivió la originalidad,
la iniciativa,
la creatividad.
Experimentó las honduras de la perfección:
llegar hasta el final de lo emprendido,
llegar hasta la raíz,
el manantial de su propio ser. Ya no se trataba tanto de buscar la libertad,
como de ser libre.
Y se entregó apasionadamente a ser ella misma,
sin ataduras ni temores.
Pero Juan Salvador Gaviota seguía amando a los suyos
a pesar de que lo habían desterrado. Y decidió volver a la bandada para enseñarles que
la vida podía ser algo mucho más interesante que comer y disputarse los desperdicios de los barcos.
Estaba seguro de que su empresa no iba a ser nada fácil,
que de nuevo lo aislarían,
lo ofenderían,
pues no estaban dispuestos a cambiar ni a escuchar
tranquilamente que alguien les hablara de la necesidad de cambio. No importaba que no lo comprendieran: con que una sola gaviota se atreviera a soñar
y emprender un nuevo vuelo,
se justificaba su aventura.
En el fondo de su corazón,
Juan Salvador Gaviota
adivinaba que era imposible vivir intensamente su libertad sin intentar liberar a otros,
que la plenitud implicaba el servicio.
Volvió sin prédicas ni alardes. Sólo trataba de ser una auténtica gaviota
nacida para volar.
Poco a poco,
algunas gaviotas jóvenes
se fueron acercando a presenciar su vuelo vigoroso. Y le pidieron que les enseñara a volar. No les importaba que la bandada
los despreciara y expulsara.
Querían volar,
experimentar otra vida, atreverse a ser libres. Y se atrevieron
A vivir y a volar.
A ser ellas mismas...
Richard Bach

lunes, 28 de agosto de 2006

Respuesta de Buda

Una vez le preguntaron a Buda qué era lo que a él más le sorprendía de la humanidad. Y Buda respondió: "Los hombres, que pierden la salud para juntar dinero,y luego pierden el dinero para recuperar la salud;y que por pensar ansiosamente en el futuro,olvidan el presente de tal forma,que acaban por no vivir ni el presente ni el futuro,viven como si nunca fuesen a morir,y mueren como si nunca hubiesen vivido ".

domingo, 27 de agosto de 2006

Minos para mi perrilla

El día ha empezado raro para ella, ayer hizo una comida/merienda/cena/ y desde anoche no ha podido ni comer ni beber nada. Esta mañana ha salido a la calle atada, cosa no habitual en ella. Ha estado poco rato y después al volver no entendía que no hubiese agua en su platito. A las cuatro la hemos acompañado a donde menos le gusta ir, donde los malos, al veterinario. Como es buena hasta hartarse, aunque temblando, se ha subido a la camilla y mientras que cuatro manos le hacíamos mimos otras cuatro la rasuraban, pinchaban, ponían goteo y sedaban hasta que poco a poco han cesado los temblores y las fuerzas han ido menguando hasta ni para intentar mover una patita y tocarme.A linda la saqué de la perrera para regalársela a mi padre, que por aquel entonces caminaba mucho y a mi se me ocurrió que no le vendría mal algo de compañía y defensa (Jaaa Linda defensa, que ve algo que no le gusta y cambia de acera para evitarlo)Era por aquel entonces un saco de huesos, golpes y unas cositas como lentejas que la cubrían entera (garrapatas) total que me la llevé a casa. Tras la visita al vetera y siguiendo sus indicaciones la desparasité, alimenté, curé y conseguí que el nombre Linda, que en las primeras semana parecía guasa fuese un nombre apropiado y merecido para ella.Para cuando se la quise llevar a mi padre le habían detectado ya un cáncer y claro, no era cosa de llevarle la perrilla y menos de darle más trabajo a mi madre.Así que aunque bajé con ella a Córdoba era para pasar un puente de agosto pero no para dejarla.Cuando llegué estaban en la casa del pueblo además de mis padres mi hermana y mis sobrinos con la Cuca (la perra pija de la familia) La misma noche que llegamos nos llevamos a sendas primas a dar una vueltecita con tan mala suerte que para remate de las fiestas del pueblo había fuegos artificiales y ante el estruendo Linda se escapo corriendo como las locas, y sin saber dónde ir.Toda la noche pasamos buscándola y llamándola mi hermana, mi cuñado, mis sobrinos y yo, pero no hubo resultados. Al día siguiente, yo tenía que volver a Bilbao, pero antes comenté el caso y di parte a capataces, dueños de cortijos, cazadores, presidentes de clubs de caza, guardia civil, policía municipal de mi pueblo (y pueblos cercanos) describiendo a una perrilla blanca y canela con un collar verde y microchip a la que los ruidos asustaban.Me hube de venir y no apareció. Mi padre esos día salía en su busca, y mi madre, llevando en una bolsa recortes de embutidos para si la veían atraerla. Cinco días, anduvo perdida ella y hecha puré yo. Al sexto, un amigo de mi padre le dijo que la había visto en no sé qué olivar pero que había un perro en una reja y que igual estaba allí.Y allí estaban el perro, Linda y mi padre, embutidos en una mano y cuerda en la otra para atarla y llevarla a casa.Cuando me llamaron para decírmelo fue como si se me abriera el cielo. Cogí mi 4 x 4 y allá que me bajé a buscarla, otros 840 km en Agosto, más los mismos de vuelta.Después de esos primeros meses hemos estado preñadas, hemos parido, nos hemos operado para no tener más embarazos, nos han mordido perros malos y a todo hemos sobrevivido juntas, solitas primero y acompañadas por Osmar después. La abuela Amparo, cuando vamos a su casa, le prepara cocido a la chiquilla y ese día se harta de pollo y ternera y otras exquisiteces en vez de comer sus bolitos secos.Y ahora, ahora me acaban de llamar para decirme que el bulto era grasa bajo la masa muscular y que se lo han quitado, mientras yo escribía estas letras para pasar los nervios y porque necesitaba hacerlo. En un par de horas iré por ella. Hoy, además de mimos, tendrá MÁS MIMOS
Autor desconocido

sábado, 26 de agosto de 2006

El anillo

—Vengo a verle, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
 —Cuánto lo siento, muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizá después… —y haciendo una pausa agregó—: si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver mi problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar. —E…encantado, maestro —titubeó el joven, pero sintió que de nuevo era minusvalorado y sus necesidades postergadas. —Bien, —asintió el maestro. Se quitó el anillo en el dedo pequeño, y dándoselo al muchacho, agregó—: toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le volvían la cara y sólo un anciano fue tan amable como para explicarle que una moneda de oro era demasiado para entregarla a cambio de un anillo como ése.
En afán de ayudar, alguien ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el camino, más de cien personas, abatido por su fracaso montó su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda.
Entró en la habitación.
 —Maestro —dijo—, lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto al valor del anillo. —Qué importante lo que dijiste, joven amigo, —contestó sonriente el maestro—. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no te importe lo que ofrezca, ¡no se lo vendas!. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
 —Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender YA, no puedo dar más de 58 monedas de oro por su anillo. —¡58 monedas! —exclamó el joven. —Sí —replicó el joyero—, yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé…. si la venta es urgente…le daré 58 .
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
 —Siéntate —dijo el maestro después de escucharlo. —Tu eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Qué haces pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño.
Todos somos como esta joya, valiosos y únicos, y andamos por los mercados de la vida pretendiendo que gente inexperta nos valore.

Germán Berdiales

viernes, 25 de agosto de 2006

Las tazas

Un grupo de ex estudiantes, ya muy establecidos en sus carreras, se juntaron para visitar a su viejo profesor de la universidad.

Pronto la conversación tornó a quejas sobre el estrés en el trabajo y la vida.

Al ofrecerles café a sus visitas, el profesor fue a la cocina y regresó con un termo de café y una variedad de tazasde porcelana, plástico, vidrio, cristal, algunas comunes, algunas caras, algunas exquisitasy les pidió que se sirvieran el café caliente.

Cuando todos los estudiantes tenían su taza en mano, el profesor dijo:

"Si se han fijado, todas las tazas bonitas y caras han sido tomadas, dejando atrás las comunes y baratas.

Aunque es normal que quieran solo lo mejor para ustedes, ese es el origen de sus problemas y estrés.

Lo que en realidad querían era café, no la taza, pero concientemente tomaron las mejores tazas y las estuvieron comparando con las tazas de los demás.

Ahora, si la vida es el café, entonces sus trabajos, el dinero y su posición social son las tazas:

Son solo herramientas para sostener y contener Vida, pero la calidad de la Vida no cambia.

A veces, al concentrarnos solo en la taza, dejamos de disfrutar el café en ella".
Por lo tanto, no dejes que la taza te guíe... mejor goza el café.

Recibido a través de Luna