lunes, 31 de julio de 2006

El anillito del elfo

Tirado sobre la polvorienta carretera, yacía un ramo de dorados "dientes de león". Mucha gente pasaba por su lado sin fijarse en él. Algunos hasta le daban con el pie. Pero cuando Marlenchen lo vio dejó el pesado cesto en el suelo y levantó el ramo. Se dirigió con él al arroyuelo e hizo beber a los tallos.

Mientras mantenía el ramo así en el agua, y los rayos del sol jugueteaban en torno a la niña y las flores, surgió de dentro de una de las abatidas cabecitas de las flores un pequeño elfo, tan pequeño como un dedo, el cual, con una suave vocecita, dijo:

-¡Gracias, Marlenchen!

Se arregló la dorada corona sobre su cabecita, y apareció entonces a su alrededor un claro resplandor, como de una velita de Navidad. Este resplandor lo convirtió el elfo en un anillo para el dedo, fino como un cabello.

-¡Póntelo en el dedo anular de la mano izquierda! -dijo a la niña-. Cuando tú lo mires, relucirán tus ojos, y la persona a quien tú mires se sentirá alegre, y el que esté enojado recobrará su buen humor.

Cuando hubo acabado de hablar, el pequeño elfo desapareció, y Marlenchen no separó, durante el camino de regreso a su casa, sus miradas del anillo. No sentía ya el pesado cesto; ¡todo era tan ligero!...

Pero, cuando llegó delante del portal de la casa, oyó reprender en su interior a la madre, y pelearse entre sí a las hermanas. Eran siete y daban mucho que hacer. Entonces miró Marlenchen de nuevo su anillito y entró decidida en la habitación.

A su entrada, todos levantaron la mirada. ¡Cómo resplandecía Marlenchen! De golpe se acabaron las riñas y las discusiones. La madre se dirigió gozosa al trabajo, y todo le salía fácil de la mano, y los pequeños jugaban con Marlenchen, y todos se querían entre sí.

Cuando se hizo de noche, regresó a casa el padre, cansado y abatido del pesado trabajo y del largo camino. Marlenchen salió a su encuentro. Al ver a la niña rió el padre; él mismo no sabía por qué, pero sentía su corazón repleto de alegría hasta lo infinito.

Nadie vio el anillo en el dedo de Marlenchen. Era invisible para los demás. Pero Marlenchen sí lo veía, y lo conservó en su dedo durante toda su vida. Cuando se despertaba por la mañana, a él dirigía su primera mirada, y a su vista lucía el sol en sus ojos. Este sol calentaba todo lo que estaba cerca de la niña. Si había alguien enfermo en la casa, o triste simplemente, o enfadado, mandaban a buscar entonces a Marlenchen, y todo se ponía nuevamente bien. La gente llamaba a Marlenchen "la niña del Sol". Ellos mismos no sabían por qué, pero no podían encontrarle otro nombre mejor.

Anónimo Suizo

domingo, 30 de julio de 2006

La embarcación y el viento

Érase una vez una embarcación majestuosa que navegaba con orgullo, por los distintos mares de la vida
Durante años, surcó las aguas sin dificultad alguna.Los vientos eran siempre favorables y en su periplo destacaba siempre sobre el resto de buques que trazaban su estela blanquiazul en el océano.
Eran muchos los marinos que anhelaban cruzarse en su camino o derrota, pues con tan solo su presencia, les resultaba más ameno el viaje a realizar.
Aquél barco era como una hermosa mujer. Su forma, apariencia, gracia...hacían que resultase como una hermosa sirena a la que imaginariamente, se le veia sostener con cada uno de sus brazos los mastiles y velas. Siempre segura de su rumbo y de que el viento sería su mejor compañero.
Un día se introdujo por extrañas aguas, ciertamentes peligrosas. La embarcación no sabía con exactitud que le estaba sucediendo. -Pensaba: ;jamás he conocido estas latitudes
De pronto el viento cesó de soplar. El color azul cielo de las aguas que acostumbraba a surcar se tomó de un aspecto grisáceo a un verde oscuro amenazador. Así que sin causa que lo justificase, se vio en un paraje inhóspito, extraño y ciertamente desconcertante.
Con sus hermosos ojos imaginarios miraba a babor y estribor, en busca de otras naves que le advirtieran del lugar en el que se encontraba ;Un poco de orientación!.
El tiempo transcurría y su situación era la misma, ausencia total del viento. Ningún buque el horizonte.
Comenzó a desconfiar de sus cualidades, de su pretérita capacidad para afrontar con valentía las distintas rutas, que en un futuro cercano tendria que realizar.."Desesperó.".
Un día sus velas apreciaron una leve brisa. Aquello, llamó mucho su atención. -Dime.... ¿qué haces aquí?, ¿te has perdido?. La embarcación que, en principio mostró cierto asombro, terminó preguntándole:¿quién eres?, ¿qué haces por estos lugares?. El singular viento le respondió; no temas, siempre estoy por estos lugares. No suelen ser frecuentados por ningún barco. ¿Sabes?,soy un viento solitario.¿ Necesitas ayuda?.-Si, me he perdido y ahora no sé con exactitud el lugar en qué me encuentro. Ignoro cual es la ruta más adecuada para salir de aqui. Replicó ella.
El, añadió: navegas por el mar de la ingratitud, también conocido como el de la indiferencia... Pero -prosiguió- no debes sufrir inquietud alguna, intentaré sacarte de aquí.
Durante muchas jornadas, meses, el viento sopló con todas sus fuerzas sobre las inertes velas de la hermosa embarcación, hasta que la tonalidad de las aguas retornó a ser lo que, en su día, fue. De tal modo que, transcurrido un largo, y a la vez magnífico viaje juntos. El viento comprendió que ya no era necesario, y pensó que aquel magnifico buque debía seguir su rumbo con libertad, hacia el lugar que mejor dispusiera.
El viento, abandonó aquellos parajes con suma tristeza. Sabía que, posiblemente, jamás se encontrarían. Muy a su pesar y, con un exceso de malestar, permitió que otros vientos impulsaran las velas de la embarcación. Mi misión, ha terminado, pensó él. La nave, extrañada, se preguntó por la suerte de aquel que, pensaba ella, tanto le había auxiliado.
Una noche, escucho un lejano murmullo. Como aquellos días en que ambos, habian navegado juntos. La embarcación, escuchó lo siguiente: "Mientras me aconsejaste dejarte a tu suerte para que fueras completamente libre y feliz. Para que ningún viento dirija tu camino si fuera tu deseo, pero, si me necesitas me tendrás cerca de ti. Si retornas al mar de gas de tan siniestro paraje. Y, si quieres revivir aquellos días, aunque no estés sujeta a ninguna dificultad, tan solo debes advertírmelo. Yo, sabré escuchar tu llamada. Y bajo ningún concepto olvides que, en ausencia de cualquier clase de viento, me tendrás a mi. Elige, pues, el que más te favorezca.

Autor desconocido

sábado, 29 de julio de 2006

El poder de la palabra

"Un sabio maestro se dirigía a su auditorio dando valiosas lecciones sobre el poder sagrado de la palabra, y el influjo que ella ejerce en nuestra vida y la de los demás.
-"Lo que usted dice no tiene ningún valor"- lo interpeló un señor que se encontraba en el auditorio.
El maestro le escuchó con mucha atención y tan pronto terminó la frase, le gritó con fuerza: "Cállate, estúpido!! y siéntate, idiota"!!. Ante el asombro de la gente, el aludido se llenó de furia, soltó varias imprecaciones y, cuando estaba fuera de sí, el maestro alzó la voz y le dijo: "Perdone caballero, le he ofendido y le pido perdón; acepte mis sinceras excusas y sepa que respeto su opinión, aunque estemos en desacuerdo".

El señor se calmó y le dijo al maestro: "Le entiendo, y también pido disculpas y acepto que la diferencia de opiniones no debe servir para pelear, sino para mirar otras opciones".

El maestro le sonrió y le dijo: "Perdone usted que haya sido de esta manera, pero así hemos visto todos del modo más claro, el gran poder de las palabras: Con unas pocas palabras le exalté, y con otras pocas le calmé"

Autor desconocido

viernes, 28 de julio de 2006

La niña inteligente

La maestra iba a explicar la evolución a los niños. Entonces le preguntó a un niño:

MAESTRA: Tommy, ¿ves ese árbol allá fuera?
TOMMY: Si.
MAESTRA: Tommy, ¿ves la grama afuera?
TOMMY: Si
MAESTRA: Ve afuera, mira hacia arriba y dime si puedes ver el cielo.
TOMMY: Muy bien (Volvió al cabo de unos minutos). Si, vi el cielo.
MAESTRA: ¿Viste a Dios?
TOMMY: No.
MAESTRA: Ese es mi punto. No podemos ver a Dios porque no está ahí. Él no existe.
Una pequeña niña pidió permiso para hacerle unas preguntas al niño. La maestra acepto y la niñita preguntó:

NIÑITA: Tommy, ¿ves ese árbol allá fuera?
TOMMY: Si.
NIÑITA: Tommy, ¿ves la grama afuera?
TOMMY: Siiiiiiiiiiiiii... (Cansado de todas esas
preguntas)
NIÑITA: ¿Ves el cielo?

TOMMY: Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii...........
NIÑITA: Tommy, ¿ves a la
maestra?

TOMMY: Si...
NIÑITA: ¿Ves su cerebro?
TOMMY: No.
NIÑITA: Entonces, según lo que hemos aprendido hoy con la maestra, ¡ella no tiene cerebro!

Autor desconocido

jueves, 27 de julio de 2006

Vaso de leche

Un día, un muchacho pobre que vendía mercancías de puerta en puerta para pagar sus estudios universitarios, encontró que solo le quedaba una simple moneda de diez centavos, y tenía hambre.
Decidió que pediría comida en la proxima casa. Sin embargo, sus nervios lo traicionaron cuando una encantadora mujer joven le abrió la puerta. En lugar de comida pidió un vaso de agua.
Ella pensó que el joven parecía hambiento, así que le trajo un gran vaso de leche.
El lo bebió despacio, y entonces le preguntó:
-¿Cuánto le debo?-
-No me debes nada- contestó ella. -Mi madre siempre nos ha enseñado a nunca aceptar pago por una caridad-.
El le dijo... -Entonces, te lo agradezco de todo corazón...!-
Cuando Howard Kelly se fue de la casa, no solo se sintió más fuerte, si no que también su fe en Dios y en los hombres era más fuerte. El había estado listo a rendirse y dejar todo.
Años después esa mujer enfermó gravemente.
Los doctores locales estaban confundidos. Finalmente le enviaron a la gran ciudad. Llamaron al Dr. Howard Kelly para consultarle. Cuando este oyó el nombre del pueblo de donde venía la paciente, una extraña luz lleno sus ojos.
Inmediatamente el Dr Kelly subió del vestíbulo del hospital a su cuarto. Vestido con su bata de doctor entró a verla. La reconoció enseguida. Regreso al cuarto de observación determinado a hacer lo mejor posible para salvar su vida. Desde ese día el prestó, la mejor atención a este caso.
Después de una larga lucha, ella ganó la batalla..! Estaba totalmente recuperada..!

Como ya la paciente estaba sana y salva el Dr Kelly pidió a la oficina de administración del hospital que le enviaran la factura total de los gastos para aprobarla.
El la revisó y firmó. Además escribio algo en el borde de la factura y la envió al cuarto de la paciente.
La cuenta llego al cuarto de la paciente, pero ella temía abrirla, porque sabía que le tomaría el resto de su vida para poder pagar todos los gastos.
Finalmente la abrió, y algo llamó su atención: En el borde de la factura leyó estas palabras...
“Pagado por completo hace Muchos años con un vaso de leche”
Autor desconocido

miércoles, 26 de julio de 2006

Sábanas

Una pareja de recién casados se mudó para un barrio muy tranquilo.En la primera mañana en la casa, mientras tomaban café, la mujer reparó a través de la ventana que una vecina colgaba sabanas en el tendal.- Que sabanas sucias está colgando en el tendal!! Esta precisando de un jabón nuevo... ¡Si yo tuviese intimidad le preguntaría si quiere que le enseñe a lavar la ropa!.El marido miro y se quedo callado.Algunos días después, nuevamente, la vecina colgaba sabanas en el tendal y la mujer le comento al marido:¡Si yo tuviese intimidad le preguntaría si quiere que le enseñe a lavar la ropa!.Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso, mientras la vecina colgaba sus ropas.Había pasado un mes, cuando la mujer se sorprendió al ver las sabanas tendidas y entusiasmada fue a decirle a su marido: ¡Mirá aprendió a lavar! ¿Será que otra vecina le enseñó? Porque yo no hice nada.El marido tranquilamente respondió: ¡No!! Hoy me levanté mas temprano y lave los vidrios de nuestra ventana!.
Autor desconocido

martes, 25 de julio de 2006

Mar y la ausencia

Le escribía cada noche. Le escribía a su ausencia,trazando con palabras de punto a punto, todos lossilencios. Hoy, al salir del cuarto, Mar percibió su perfume.Se paró en seco. Se volvió cuatro pasos y giró sobreel talón derecho mientras empezaba a olfatear el aire,como un perro de caza buscando el origen de ese aroma,pero ya se había evaporado. Mar se sentó allímismo, en el suelo , pero no , no estaba triste,porque nunca más estaría triste ...Pero...de todas formas se sentía lejana ,deshecha, evaporada.¿Donde estaría el cuando ella le escribía? ¿Que haría?¿Que vería? ¿Se acordaría aún de sus manos, de susojos, guardaría aún con el alguna de sus palabrasimprimidas? En el fondo, realmente eso ya no tenía ningunaimportancia. Lo importante era que el fuera feliz.¿Sería feliz?Leía mucho, demasiado. Leía para perderse en lasfantasías de otros, las suyas dolían, sobretodo aldespertar. Mar tenia miedo, por eso eran mejoreslas aventuras de una sola noche, porque así podía pretender que habían tan solo sido un sueño mas.Ensayó muchas veces de amar desde lejos, como quienmira un partido de fútbol desde el banco,participando en las emociones pero no aventurándose aperder el juego. Pretender aceptar la felicidadparecía aprender a conocer muy bien sus defectos y yahabía leído demasiados libros también sobre eso. Yahabía saboreado lo absoluto. Ese terrible y encantadorestado de absoluto enamoramiento , bajo el cualhubiese preferido morir a verlo triste. Por eso lodejo ir ...Muchas veces, por aburrimiento, soledad y tedio ,Mar se forzó a amar a alguien , con los ojoscerrados, concentrándose en otra cosa,inventándoserazones para ser feliz, y así... en el latido inmovilizante de ese otro que no le convenía, Marse perdió en la multitud de amores inútiles, mientrasjugaba el juego repetitivo del amor sin amor.El amor
impostor. Se quedoasí, en la disponibilidad del instante,
en el hueco de la espera. En las noches de tormenta, Mar lo espera aún bajola lluvia, prende las velas y las coloca en la ventanapara que el sepa ... Como todos esos mensajes ...Hojas de papel dobladas encuatro dentro de un sinnúmero de botellas, como unmapa en pedacitos, donde todas las pistas lo dirigirána su corazón vacío, a su corazón lleno de ausencia.Hoy, al salir del cuarto , Mar percibió su perfume...Retrocedió cuatro pasos y girando sobre su talónderecho se dió cuenta de que realmente nunca lo habíadejado ir , y ya era... tiempo.
German Berdiales