martes, 7 de junio de 2011

Los deseos se cumplen

Había una vez, tres árboles en la colina de un bosque. Hablaban acerca de sus sueños y esperanzas, y el primero dijo: " Algún día seré un cofre de tesoros. Estaré lleno de oro, plata y piedras preciosas. Estaré decorado con labrados artísticos y tallados finos; todos verán mi belleza".
El segundo árbol dijo: " Algún día seré una poderosa embarcación. Llevaré a los más grandes reyes y reinas a través de los océanos, e iré a todos los rincones del mundo. Todos se sentirán seguros por mi fortaleza y poderoso casco".
Finalmente el tercer árbol dijo: " Yo quiero crecer para ser el más recto y grande de todos los árboles del bosque. La gente me verá en la cima, mirará mis poderosas ramas y pensarán en el Dios de los cielos, y cuán cerca estoy de alcanzarlo. Seré el más grande árbol de todos los tiempos y la gente siempre me recordará".
Después de unos años de que los árboles oraban para que sus sueños se convirtieran en realidad, un grupo de leñadores vino donde estaban los árboles.
Cuando uno vio al primer árbol dijo: " Este me parece un árbol fuerte, creo que podría vender su madera aun carpintero", y comenzó a cortarlo. El árbol estaba muy feliz debido a que sabía que el carpintero podría convertirlo en un cofre para tesoros.
El otro leñador dijo mientras observaba al segundo árbol:" Parece un árbol fuerte: creo que podré vender al carpintero del puerto". El segundo árbol se puso muy feliz porque sabía que estaba en camino de convertirse en una poderosa embarcación.
El último leñador se acercó al tercer árbol; éste estaba asustado, pues sabía que si lo cortaban, su sueño nunca se volvería realidad. El leñador dijo entonces: " No necesito nada especial del árbol que corte, así que tomaré éste". Y cortó el tercer árbol.
Cuando el primer árbol llegó donde el carpintero, fue convertido en un cajón de comida para animales, fue puesto en un pesebre y llenado con paja. Se sintió muy mal pues eso no era por lo que había orado.
El segundo árbol fue cortado y convertido en una pequeña balsa de pesca, ni siquiera lo suficientemente grande para navegar en el mar, y fue puesta en un lago. Y vio cómo sus sueños de ser una gran embarcación cargando reyes había llegado s su final.
El tercer árbol fue cortado en largas y pesadas tablas y dejado en la oscuridad de una bodega. Años más tarde, los árboles olvidaron sus sueños y esperanzas por lo que tanto habían orado.
Entonces un día un hombre y una mujer llegaron a un pesebre, Ella dio a luz a un niño, y lo colocó en la paja que había dentro del cajón en el que fue transformado el primer árbol. El hombre deseaba haber podido tener una cuna para su bebé, pero este cajón debería serlo. El árbol sintió la importancia de este acontecimiento y supo que había contenido el más grande tesoro de la historia.
Años más tarde un grupo de hombres entraron en la balsa en la cuál habían convertido al segundo árbol. Uno de ellos estaba cansado y se durmió en la barca. Mientras ellos estaban en el agua, una gran tormenta se desató y el árbol pensó que no sería lo suficientemente fuerte para salvar a los hombres. Los hombres despertaron al que dormía, éste se levantó y dijo: "¡Calma y quédate quieto!" y la tormenta y las olas se detuvieron. En ese momento el segundo árbol se dio cuenta de que había llevado al Rey de Reyes y el Señor de Señores.
Finalmente un tiempo después alguien vino y tomó el tercer árbol convertido en tablas. Fue cargado en las calles al mismo tiempo que la gente escupía, insultaba y golpeaba al Hombre que lo cargaba. Se detuvieron en una pequeña colina y el Hombre fue clavado al árbol y levantado para morir en la cima de la colina. Cuando llegó el domingo, el tercer árbol se dio cuenta de que él fue los suficientemente fuerte para permanecer erguido en la cima de la colina, y estar tan cerca de Dios como nunca, porque Jesús había sido crucificado en él.

Autor desconocido

domingo, 15 de mayo de 2011

Dejando Huellas

Un hombre que acababa de encontrarse con Jesús Resucitado, iba a toda prisa por el camino de la vida, mirando por todas partes y buscando.  Se acercó a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le preguntó:
-    “Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí a algún cristiano?”
El anciano, encogiéndose de hombros le contestó:
-    “Depende del tipo de cristiano que ande buscando”.
-    “Perdone”, dijo contrariado el hombre, “pero soy nuevo en esto y no conozco los tipos que hay.  Sólo conozco a Jesús”.
Y el anciano añadió:
-    “Pues sí, amigo; hay de muchos tipos y maneras.  Los hay para todos los gustos:  hay cristianos por cumplimiento, cristianos por tradición, cristianos por costumbres, cristianos por superstición, cristianos por obligación, cristianos por conveniencia, cristianos auténticos...”
-    “¡Los auténticos!  ¡Esos son los que yo busco!  ¡Los de verdad!”, exclamó el hombre emocionado.
-    “¡Vaya!”, dijo el anciano con voz grave.  “Esos son los más difíciles de ver.  Hace ya mucho tiempo que pasó uno de esos por aquí, y precisamente me preguntó lo mismo que usted”.
-    “¿Cómo podré reconocerle?”
Y el anciano contestó tranquilamente:
-    “No se preocupe amigo.  No tendrá dificultad en reconocerle.  Un cristiano de verdad, no pasa desapercibido en este mundo de sabios y engreídos.  Lo reconocerá por sus obras.  Allí donde van, siempre dejan huellas.

Autor desconocido

Ayudando

Juan sólo tenía seis años y quería tener un reloj de pulsera. Cuando se lo regalaron por fin, en Navidad, estaba impaciente por enseñarselo a su mejor amigo, José. La madre de Juan le dió permiso, y cuando su hijo salió de casa le hizo esta advertencia:
-Juan, ahora llevas tu reloj nuevo, y sabes leer la hora. De aquí a casa de José llegas andando en dos minutos; así que no tienes excusa para llegar tarde a casa. Vuelve antes de las seis para merendar.
-Sí, mamá -dijo Juan mientras salía corriendo por la puerta.
Dieron las seis, y ni rastro de Juan. A las seis y cuarto no había aparecido todavía, y su madre se irritó. A las seis y media seguía sin aparecer, y se enfadó. A las siete menos diez, el enfado se convirtió en miedo. Cuando se disponía salir a buscar a su hijo, se abrió despacio la puerta de la calle. Juan entró en silencio.
-¡Ay, Juan! -le riñó su madre-. ¿Cómo has podido ser tan desconsiderado?¿No sabías que yo me iba a preocupar?¿Dónde te has metido?
- He estado ayudando a José... -empezó a decir Juan.
-¿Ayudando a José?, ¿a qué? -le gritó su madre.
El pequeño empezó a explicarse otra vez:
-A José le han regalado una bicicleta nueva por Navidad, pero se cayó de la acera y se rompió y...
-¡Ay Juan! -le interrumpió su madre-, ¿qué sabe de arreglar bicicletas un niño de seis años? Por Dios, tú....
Esta vez fue Juan quien interrumpió a su madre.
- No mamá. No quise ayudarle a arreglarla. Me senté a su lado y le ayudé a llorar...


Autor desconocido

lunes, 2 de mayo de 2011

Aprender a comunicarse

Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. "¡Qué desgracia, Mi Señor! Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad", dijo el sabio. "¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Que le den cien latigazos!", gritó el Sultán enfurecido. Más tarde ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: "¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes". Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: "¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro. El segundo sabio respondió: "Amigo mío, todo depende de la forma en que se dice. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado."

Autor Desconocido

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Mi cosecha

Aunque camine por este mundo, con zapatos de mendigo o de rey, mi alma es la misma desde el principio.

Ni los conocimientos que he cosechado durante el tiempo, me servirán para evadir el momento de mi último aliento.

Lo que tuve, solamente me ha servido para que mi cuerpo se pose en un lugar seguro y amable, el dinero me ha permitido tener y ver cosas que otros jamás verán, pero más allá de eso no tengo nada.

Mis conocimientos me han permitido hablar de cosas delante de los demás, para que sepan que he estudiado; y he visto, que hasta algunos se pasean con vanidad, mostrando sus títulos, honores y posesiones, ignorantes de lo que realmente alimenta el alma.

Mi trabajo me permitió utilizar descabelladamente u oportunamente mi tiempo, para insertarme en la sociedad, competir dentro de un ámbito por posesiones que nunca me pertenecieron, y jamás me pertenecerán; y delante de los demás, dar limosnas a los menos afortunados o a los falto de esfuerzos, para que todos me miraran y dijeran que era una persona de bien.

Nada fue mío.

Perdí mí tiempo cosechando automóviles, propiedades, barcos, mujeres, y soledad; y todo eso, no sirvió de nada cuando me llegó el momento de dar cuenta de lo que realmente tendría que haber cosechado: sabiduría.

Todo lo que he vivido, mis sentimientos, y mis historias se disolvieron al viento del tiempo, y me descubrí desnudo, con mi alma repleta de preguntas sin respuestas, y a pesar de todo lo que había aprendido con mis ciencias, no pude dar cuenta del porqué de mi ignorancia.

Partí hacia un lugar donde todo lo que tengo, todo lo que llevo, inclusive mi cuerpo, no sirve de nada.

Y ahora tarde me doy cuenta que opté en esos momentos, proteger mi cuerpo del frío y pasearme entre ambientes lujosos, y me olvidé de lo que llevaba dentro de mí.

Hoy, estoy loco, reviviendo mis acciones, y no puedo comprender como pude estar tan ciego.

Lloré, y amargué mi vida por acciones erróneas de hombres y mujeres hacia mi corazón, pero en realidad, tendría que haber reído porque me estaban mostrando el camino que no debía seguir.

Pasé tardes deprimido por palabras en contra de mis acciones; siendo que ellas, eran fortaleza para mi alma y era justamente un llamado a batalla para ponerme de pie y caminar por la vida.

Le temí al cambio, y me oculté en un rincón de mi casa a llorar por mis miedos, y preguntarme: ¿Qué pasará...?

Mi mente sólo imaginaba derrota y desconsuelo.

Y ahora, veo que Dios me había dado mis monedas de oro, y preferí enterrarlas a que negociar con ellas y ganar diez veces más.

Y luego, acepté mi decisión cargando culpas a los demás.

Ciego voluntario fui, y hoy padezco lo que elegí en esta habitación solitaria.

Nací libre, y morí rodeado de gruesas y enormes ataduras que yo solo anudé.

Nada de lo que tenía me sirvió para evadir mi último suspiro. Y las palabras que en algún momento me aplazaron o me alentaron quedaron vacías, porque yo mismo las maté con mis acciones.

Estuve rodeado de personas que me amaron y otras que no lo hicieron, y lloré porque no era amado por todos, y lloré porque todos me odiaban, y perdí mi tiempo pensando en como agradarles a todos, y caí cuando supe que había quienes me odiaban.

"Ohh Dios mío" dije, pero solamente había montado mi propia obra de teatro con mis propios espectadores.

Y así me evadí de todo lo que realmente necesitaba, siempre tenía una excusa bajo la manga, y como el método siempre funcionaba, creí que estaba ileso.

Estaba equivocado.

Ahora estoy aquí, ya soy viejo. Mi piel está ajada y mis ojos perdieron su color. Mis manos tiemblan y mis piernas actúan por su propia voluntad.

No recuerdo mucho de lo que tuve pero me doy cuenta que fue efímero. Mis propiedades las vendí, mis automóviles se están pudriendo en algún lugar; y otros quizá andarán por ahí renovados.

Algunas de mis mujeres han muerto y otras se pasean con sus enormes familias, de vez en cuando las veo y las saludo de lejos. No están mejor que yo, y en su semblante, al igual que en el mío, veo la carga que llevan a cuestas.

Mis ciencias no me han permitido retrasar mi tiempo, y el dinero que he ganado con ellas será para los que me precederán en esta carrera

Y ahora recuerdo que cuando tenía el dinero en mis manos, lo miraba como si fuera mi Dios, y sonreía, creía que tenía todo, pero me veo, y no puedo creer que haya perdido mi tiempo adulando a rostros extraños pintados en papeles de colores.

Hice todo lo que quise, y hasta algunos dirán que he vivido una buena vida.

Pero no les puedo decir lo verdadero de la vida, porque ya no puedo hablar.

Ayer, se me acercó un joven y me leyó un cuento, era un buen cuento, pasamos un buen momento.

De vez en cuando yo miraba a través de la ventana y veía los pájaros libres surcando el cielo, y entendí que vendí mi libertad a un precio muy caro que ahora estoy pagando.

El muchacho finalizó su lectura y me acarició con cierto amor y lástima; yo, le di las gracias mentalmente, y se fue caminando rápido a leer su cuento a otro viejo más, que descansa conmigo en este hospital olvidado pero lleno de sonidos extraños.

Estoy esperando cerrar mis ojos.

¿Pero eso no había sucedido ayer?

Existe alguien conmigo, que me dice que estoy en lo cierto. Y le pregunto si me dará una nueva oportunidad.

Me mira y sonríe.

Pero no me da el "SI" que yo espero, solamente se queda a mi lado, a escuchar mis historias.

Ya me he ido, y aunque nadie lo ha notado, aún sigo aquí.

Porque siendo un cuerpo viejo, mi alma aún tiene mucho que aprender, porque tengo la esperanza de alcanzar un día la sabiduría que me permita cosechar lo realmente importante.

Las luces se apagaron pero yo sigo hablando con mi acompañante, ambos reímos. Él me está enseñando, que es lo realmente importante en mi cosecha.

Si...

Tengo mucho que aprender.

Jesús Alejandro Godoy

lunes, 1 de septiembre de 2008

Día Internacional del Blog

Ayer fue el día del Blog, y Eingel ha decidido recomendar éste para darlo a conocer entre sus lectores. Como le decía a él en mi comentario le estoy muy agradecido, y su recomendación me sirve para atender este espacio un poco más, ya que últimamente lo tengo un poco abandonado, aprovecho para pedirles disculpas a los que lo suelen visitar.
A pesar de que este día ya pasó yo voy a continuar con el "meme": debo sugerir 5 Blogs que no recomiendo habitualmente, además de mencionar el tag BlogDay de Technorati y enlazar el sitio Blog Day.
Mis Blogs recomendados son:

domingo, 6 de julio de 2008

Polizonte de almas V

-Si... agua, de un color azul profundo, era un color que parecía tornasolarse con las gotas pulsátiles de agua que caían sobre la mujer. En un santiamén, el agua, o lo que fuera que salía del interior de la mujer, formaron una figura humana que estaba de pie a mi lado. Era la figura de un hombre alto, lo bastante como para que yo lo mirara alzando la vista. Los ojos de esta cosa eran como dos esmeraldas que brillaban en la oscuridad. No tenía boca, ni orejas, solamente esos dos ojos que brillaban sin parar...

-¿Abuelo...? ¿Es verdad lo que me está contando? –preguntó nuevamente el panadero con un poco de cobardía-.

-Si hijo, es la pura verdad –afirmó el viejo.

¿Y luego... que sucedió? –preguntó nuevamente el hombre, pero totalmente ensimismado en lo que contaba el viejo-.

-El hombre o la cosa ésta formada por el agua, solamente me miró, sus ojos centellearon en la noche y retrocedió como si me temiera, parecía ser asustadizo como un venado frente a un cazador. Pero no tuve miedo, parecía ser un ser perdido, solitario, hasta tuve ganas de invitarlo a tomar un café –dijo el anciano y sonrió-, luego, simplemente se confundió entre el aguacero y desapareció entre el agua de lluvia –agregó ante la mirada atónita del hombre calvo-.

-Es increíble lo que me cuenta –dijo el panadero con expresión de asombro-.

-Si... hijo, dicen que lo llaman el polizonte de almas porque fue un bebé abandonado. No llegó a vivir lo suficiente, y el tiempo que vivió lo vivió bajo la lluvia y murió bajo ella ahogado. Tal vez su vida terrenal habrá durado horas o segundos nadie lo sabrá. Pero lo cierto es que dicen que por alguna razón, éste ente renace de tanto en tanto bajo un aguacero como éste, para vivir lo que nunca pudo y tal vez, para buscar a su madre. Y siempre bajo una lluvia infernal como ésta –dijo el anciano señalando la puerta de la panadería-, y de tanto en tanto también vive en las personas que solamente él sabe que pronto morirán, y así vive un poco la vida que le fue arrebatada, pero es un fantasma que vaga entre algún mundo y éste –dijo finalmente el anciano-.

-Mire usted... para mí no deja de ser una leyenda un poco terrorífica –dijo el panadero sonriente-.

-Si, como te he dicho antes Francisco, tal vez sea una leyenda, pero bueno, solamente te he contado lo que ví... –dijo con recelo el anciano-.

-Está bien... no hay problema, lo que suceddd... ¿Cómo sabe mi nombre? –preguntó el hombre secando su calva-.

Miró al anciano directamente a los ojos.

Y vio cuando los ojos del viejo centellearon como dos esmeraldas, y de su boca salía un hilo de agua azul profundo...



-Luego dicen que de la boca y que de los ojos del viejo, salió el polizonte de almas y se introdujo silenciosamente pero rápidamente por los ojos del panadero calvo –dijo el muchacho-.

-Ayyyy ¡Vamos... no me asustes estúpido! –dijo la joven entre sonrisas-, sabes que después tengo pesadillas.

Ja, ja, ja, ja rió, casi vehementemente el joven.

-No seas tonto Aníbal... ¿por qué me cuentas esas cosas raras? –exclamó su novia con un gesto casi de súplica-.

-¡Es verdad Carolina...! Mira, todo sucedió en la panadería de aquí enfrente, me lo contó mi abuelo... me dijo que pasó allá por los años 70', antes de que empezara la Dictadura en Argentina. Hasta me dijo que la policía no quería remolcar la vieja camioneta que estaba estacionada en la acera de la panadería –dijo el joven con total seguridad-.

-¿En serio? –preguntó la joven con total terror-.

-Si... mi abuelo me contó que encontraron al anciano muerto sentado en una banqueta, un gato, un niño y una empleada de la panadería, todos muertos... ahogados –explicó el muchacho-, pero lo más extraño es que luego, el único acusado por los supuestos asesinatos se suicidó en la celda de la comisaría, y ése día dejó de llover...

-¿El hombre calvo... el panadero se suicidó? –preguntó la joven tomándose de la chaqueta de su novio-.

-Si, el panadero se suicidó –asintió el joven-. Luego la panadería fue cerrada para siempre, y algunos dicen que aún sus fantasmas rondan por el lugar –agregó con voz gutural-.

-¡Ayyyy noooo! Por favor Aníbal, no por favor, fantasmas no –gritó la mujer con súplica extrema-.

-Está bien cariño, tampoco es para tanto... –dijo el joven abrazando a su novia que ya estaba sollozando-.

La joven miró hacia la panadería. Ésta tenía todas las ventanas tapiadas con maderas. La persiana central de la fachada estaba completamente oxidada y aún se podía ver debajo del óxido, un color grisáceo, que parecía haber sido también el color original de la fachada.

-¿Estás seguro de lo que me éstas contando? –preguntó la joven asustadiza-.

-No lo sé cariño... sólo es una historia... una leyenda urbana –dijo su novio con una sonrisa-.

La mujer pareció calmarse.

Enseguida apareció un taxi bajo el aguacero, y frenó frente a la garita. La pareja subió al taxi sin poder evitar que la lluvia los empapara mientras abrían la puerta del automóvil.

La joven miró de reojo la panadería una vez más. Pareció escuchar un leve tintineo, como una campanilla y abrazó a su novio.

-Amor, es sólo una historia más... como las historias de Samir, la serpiente gigante del túnel o la casa infernal... sólo historias –dijo el joven sonriendo-.

-¿Adónde vamos? –preguntó el chofer del taxi-.

-A Barrio Marina por favor, Casacuberta y Bernardez –dijo el joven.



El taxi aceleró suavemente y se perdió bajo el aguacero.
Jesús Alejandro Godoy